Por Manuel Hernández Villeta

Directivos y miembros de la Asociación Dominicana de Profesores demuestran en cada uno de sus pasos signos de intolerancia, de prepotencia y de poco estima para los estudiantes de escuelas públicas.

Paran la docencia para presionar al ministerio, sin tomar en cuenta que van a las escuelas públicas estudiantes de familias doblegadas por los bajos salarios. Cuando suspenden la docencia por pequeñeces están dando un golpe en la nuca al futuro de la juventud.

Los métodos abusivos para los estudiantes se reproducen en cada nueva directiva. Todos, los que se fueron y los vienen, forman parte del corazón de la ADP, razón por la cual van a seguir con los mismos métodos. El principal abuso lo cometieron convocando a elecciones internas un miércoles.

El resultado fue que durante el final del proceso electoral, se dio una semana sin docencia. El ministerio tiene las piernas hechas de gelatina, y carece de autoridad y voluntad para establecer el orden en las escuelas. Los maestros únicamente persiguen beneficios económicos, y les importa un bledo la enseñanza.

No recuerdo haber visto un pronunciamiento del gremio de profesores, sin importar bajo cual directiva, en el sentido de que hay que revisar el compendio de los libros de texto y el programa de enseñanza. Hay maestros semi-analfabetos dando clase y no se les aplica la baja de educadores.

En la mayoría de los casos se llega a trabajar de maestro por la sombrilla política. Puede ser el dedo de un dirigente del partido de gobierno o aliados, pero también de los grupos sociales e izquierdistas que rigen en el gremio. Sin el apoyo de un político, nadie toma la tiza frente al pizarron.

La verdadera posición de los educadores seria obligar al ministerio a terminar con los desaciertos educativos, pero eso no les importa. Donde sí presionan es para que se paguen incentivos, y se aumenten salarios.

La educación no solo es distribuir un pan en la mañana y un plato de arroz y habichuelas al medio día. Hay que ir a fortalecer la preparación de los alumnos porque sobre esos muchachos es que descansa el futuro nacional. Cuando se imparte una docencia cuestionable en las escuelas públicas, se le da una carta de permanencia a la miseria.

Se torna superior la enseñanza de los colegios de élite y hasta a nivel medio. La mayor parte de esos bachilleres mal preparados son rechazados en las universidades. La Universidad Autónoma de Santo Domingo sigue manteniendo una versión cuestionable del Colegio Universitario, para educar a los que llegan con fallas en su proceso de aprendizaje.

Tenemos la esperanza de que la nueva directiva de la ADP se apoye en el mejoramiento de la enseñanza; en los necesarios cambios de los libros de textos; en tener la baja profesoral para los maestros incapacitados; en levantar la bandera de mejorar los niveles de educación de la población y que dejen de poner zancadillas a la marcha del año escolar. ¡Ay!, se me acabó la tinta.