Por Manuel Hernández Villeta

No hagamos resurgir esperanzas vanas. Las grandes potencias no tienen un salvavidas para las naciones pobres. Se trata de aumentar o expandir mercados, de conseguir nuevas rutas de influencia, y de jugar a la dominación mundial.

De ahí que la visita del Canciller chino debe ser vista dentro de la realidad, sin falsas expectativas. Desde un principio hemos señalado que somos partidarios de que se mantenga lo más fuerte posible las relaciones entre China roja y los dominicanos.

Pero esta China es una potencia económica, muy lejana de aquella donde su timonel proclamaba que lo mejor tenía que ir al campo. No es esa china rural, que exportaba la revolución armada. Hoy el himno El Oriente es Rojo se toca fruto de las relaciones económicas, y no del accionar del cañón de los fusiles.

Desde hoy y por siempre las relaciones de la República Dominicana con China tendrán de frente al gobierno de los Estados Unidos. Trataran de torpedear todos los tratados económicos que se puedan firmar. Les corresponde a las autoridades dominicanas hacer valer el derecho a nuestra soberanía.

Las relaciones económicas con China son positivas, pero siempre se debe tener en cuenta que se está pisando terreno enjabonado. Queda por ver hasta donde los gobiernos de turno tendrán la reciedumbre de seguir adelante. No solo habrá las presiones de llamar a consulta a embajadores, sino de aguijonear las cuotas.

China conoce a fondo las necesidades de los países pobres. No se olvide que fue a pulso que logró levantarse como una de las grandes potencias del mundo. Sus relaciones con países del tercer mundo les permiten llenar su maletín de promesas y de ayudas.

Los limites, aunque usted no lo crea, no los va a dictar China, sino nuestras rodillas. Con China va a pasar lo mismo que con Cuba, que los Estados Unidos trataron por todos los medios de mantener aislado al gobierno socialista, pero no lo pudo lograr.

El doctor Joaquín Balaguer, siendo un hombre de derecha, fue abriendo el comercio y los intercambios con Cuba, a pesar de las presiones de los Estados Unidos, y de que su anticomunismo lo llevaba a perseguir a los izquierdistas dominicanos.

Ha llegado la hora de hacer valer nuestra independencia, nuestra soberanía y nuestra fortaleza patriótica, para establecer relaciones con cualquier país del mundo, sin aceptar presiones, impedimentos, trabas y amenazas del gran impero. ¡Ay!, se me acabó la tinta.