Por Manuel Hernández Villeta

Las próximas elecciones generales, sobre todo las presidenciales, serán decididas por los habitantes del Gran Santo Domingo, Santiago y San Cristóbal. Son las provincias con mayor grado de marginalidad social, barrios excluidos, desempleados y madres solteras. También es donde hay mayores volúmenes económicos, con poderosos sectores empresariales.

El 50 por ciento de los futuros electores residen en esas comunidades, por lo que está claro que para ganar los comicios, los partidos tienen que afincar sus posiciones en cuadros eminentemente urbanos, pero sobre todo en las áreas excluidas.

En las elecciones congresuales y presidenciales del 17 de mayo de 2020 votaran, si quieren hacerlo, 7.6 millones de dominicanos. Desde ahora hay que tener pendiente la columna de las abstenciones. Tradicionalmente se habla de obligatoriedad del voto, y se oculta que el ciudadano tiene el derecho soberano de ir a o no a una mesa de votación.

Puede ser un acto de conciencia el votar, pero hay que estar claro en que el ciudadano pueda no sentirse satisfecho y correspondido con la oferta que se le hace, por lo que puede dejar de participar en el proceso. Eso debe escribirse en las estadísticas, y no ser penado bajo ninguna circunstancia.

Ya recordamos la época difícil del doctor Joaquín Balaguer, cuando la abstención electoral era un peligro de muerte. Una parte considerable de la población decidía no participar en los comicios, pero buscaba la forma de colocar una marca de que voto en su Cédula Personal.

El político de buen olfato hoy podría preparar su plataforma política para el Gran Santo domingo, Santiago y San Cristóbal, y tratar a lo ligero a las demás poblaciones del país. El facto de edad también será un punto de importancia para los comicios del 20.

Hay un renglón que es importante tratar, es el primer votante. Será una juventud que está utilizando los medios electrónicos y que tiene una visión diferente de la vida, a la que podría sustentar un viejo roble de la política. Donde juventud y adultos tienen comunión es en la gran carga de la miseria.

Miles de dominicanos ven el proceso electoral como la zafra donde podrán satisfacer sus necesidades personales por un día. Es casi imposible que en el término de poco más de un año, se pueda despojar a los torneos electorales del clientelismo y la distribución de prebendas.

Más que un cono-grama técnico, la Junta Central Electoral lo que tiene desde ahora es que tener una reciedumbre moral, verticalidad de principios y fuerza de acción, para poder organizar un proceso que será sumamente complejo. Las presiones de los partidos sobrepasa la capacidad de mando de la JCE. ¡Ay!, se me acabó la tinta.