EL TIRO RAPIDO

A mas de probidad y capacidad, los magistrados que integran el pleno de la JCE tienen que estar revestidos de una especial dosis de paciencia y coraje.

No es fácil lidiar con los partidos políticos. Nulas las posibilidades de dejar complacidos a todos. Lo que acogen unos, objetan otros. Son tantos los intereses y tan afanosa la lucha por el poder político que resulta tarea imposible poder encontrar un punto de coincidencia.

El presidente del organismo ya ha pasado por esa experiencia en el pasado. En la anterior ocasión se manejó muy bien, haciendo gala de prudencia y buen juicio. Las quejas fueron mínimas. El candidato perdedor, Hipólito Mejía, fracasado su proyecto reeleccionista, aceptó los resultados adversos a hora temprana de la noche, devolviéndole al PLD el ejercicio del poder que le había quitado en 1990 compitiendo frente al hoy presidente Danilo Medina. La Junta pasó la prueba con nota sobresaliente y un cómodo margen de opinión pública de reconocimiento a su labor.

Poco antes, sin embargo, hubo un conato de protesta, cuando un grupo de dirigentes perredeistas hizo acto de presencia en la sede electoral para cuestionar el proceso de conteo y los resultados que se estaban dando a conocer. Tuvo que ser el testimonio de Hidekkei Morrison, quien estaba a cargo de los equipos electrónicos adquiridos por el partido blanco, y que aseguraban eran de mayor nivel de eficiencia que los de la propia Junta, el que aplacara los ánimos cuando confirmó con los propios datos que estaba recibiendo la veracidad de los cómputos que ofrecía esta.

Sin embargo, ahora la situación que enfrenta es mucho mas compleja y el clima más tenso. Por lo pronto, el gobernante PLD demanda un plazo mayor para la celebración de las Primarias mientras el opositor PRSC se suma al reclamo. En ambos casos, fruto de sus discrepancias internas por el control de la organización y la candidatura presidencial. Hay reparos en algunos aspectos del Reglamento de la Ley Electoral. Y quejas de que la Junta adopte medidas sin previa consulta con los partidos, lo que a fin de cuentas es tratar de ponerle límites a su capacidad de decisión.

De desearle suerte al doctor Castaños y al resto del pleno. La tarea que enfrentan es como para sufrir de insomnio. Restarle tiempo de campaña a los candidatos y someter a disciplina y regulaciones el accionar de los partidos políticos hará que las decisiones del organismo enfrenten mucha oposición. Y hasta denuncias injustas de parcialidad.

Encima de todo ello tendrá que preparar el escenario para las elecciones mas complejas y exigentes que registra la historia electoral del país. Una gran cantidad de partidos y al menos un par de decenas de miles de candidatos disputándose mas de cinco mil cargos para cubrir toda la estructura de puestos electivos del Estado en dos elecciones casi consecutivas que pudieran resultar tres, si en las presidenciales hay que ir a una segunda vuelta.

A más de suerte hay que brindarles apoyo aunque sabiendo de antemano que con una clase política en cuya formación y cálculos no figura la posibilidad de perder, las protestas de los que no resulten favorecidos cuando se abran las urnas estarán a la orden del día con las consiguientes denuncias de fraude. Un escenario que forma parte indisoluble de nuestra cultura política y de los procesos electorales por mas transparentes y bien organizados que resulten.

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