Por Manuel Hernández Villeta

La incapacidad del sistema educativo dominicano está siguiendo patrones internacionales y orientaciones ligeras, sin tomar en cuenta la trascendencia a nivel local del llamado acoso estudiantil o el bullyng. No señores, no es una moda ni una diversión. Es el principio de levantar la bandera del irrespeto al derecho del otro.

Sociedades desarrolladas juegan con el bullyng como si fuera travesuras infantiles, sin tomar en cuenta que en su accionar se presentan dos víctimas, con efectos tal vez irreversibles en su marcha por la vida. Sufren las consecuencias del bullyng el acosador y el acosado.

Se debe aclarar que aunque se le llama acoso estudiantil al bullyng esta es una forma diferente a la del profesor enamorando a las estudiantes, o sobreponiendo su autoridad, sino a las burlas entre niños que van desde el primer curso, hasta los estudiantes de bachillerato.

Los estragos de esa distorsión de conductas la sufren el niño que lo implementa y el que es objeto de las burlas. Las victimas conocen bien temprano lo que es ser acorralado con acciones que violentan su derecho, pero el azotador, da el primer paso a convertirse en un adulto prepotente, violador de los derechos humanos.

La escuela dominicana no puede seguir los patrones internacionales de considerar el bullyng como una simple broma estudiantil. No, es algo más delicado y peligroso. Vamos a tener una sociedad perdida y podrida, Si no se enseña a un niño a que el respeto al derecho ajeno es la paz que nunca se debe maltratar a un compañero indefenso y que al caído no se le golpea sino que se le da la mano para que se pare.

Parte de la violencia juvenil que desgarra a los Estados Unidos se debe a la ligereza como han aceptado el bullyng, que se vende como una simple diversión estudiantil, masificada por decenas de películas juveniles. No copiemos ese modelo, que es peligroso.

Una cosa distinta eran los tradicionales pleitos entre chicos de escuelas, que luego de dos o tres empujones seguían siendo amigos, a este acoso que frustra a uno y le levanta un ego insoportable al tremendista. El ministerio de educación debe involucrar a los padres en controlar y sacar de la escuela al bullyng que llega a través del cine, las películas y las distorsiones sobre las diversiones y la convivencia.

Tiene que ser obligatorio en las escuelas dominicanas que se levante el respeto al prójimo, que al débil se le debe dar la mano y darle protección. Si la familia no se involucra en aplicar principios humanos a sus hijos, tendremos muchas dificultades con las nuevas generaciones. Hay que enseñar a los niños a dar la mano al débil, y en vez de reírse, levantar el espíritu de solidaridad ante el discapacitado. ¡Ay!, se me acabó la tinta.