Manuel Hernández Villeta

El Gran Santo Domingo está arrabalizado. Se ha convertido en su mayor parte territorial en un depósito de basura. Las autoridades parecen ser indiferentes frente a la suciedad y anarquía de la capital dominicana. No hay excusas, es que no se está trabajando.

Ahora llega un brote de malaria. La virulencia es propagada por la picada de un mosquito, y este se reproduce en medio de las aguas sucias estancadas, la basura y los desperdicios. Dice una funcionaria del área epidemiológica que no se explica de por qué el brote. Parece que estaba de vacaciones y recién llega al país.

No tiene el ministerio de Salud Pública una acción permanente de prevención de las virulencias. Ni siquiera se está haciendo una campaña de como tomar medidas precautorias en los hogares, para eliminar las áreas donde se crían los mosquitos. Por demás, hace años que no se fumiga.

Un síndico dice que es culpa de los haitianos este brote. De acuerdo, en parte, donde hay haitianos hay suciedad, marginalidad y abandono. Su cultura es de no prevenir ni tampoco de higienizar. La culpa principal es del Ayuntamiento de ese municipio que no recoge la basura, ni toma medidas para limpiar áreas que parecen pocilgas.

El abandono ha llegado a las zonas más exclusivas de la Capital. En Bella Vista y Mirador Norte y Sur la basura se acumula en calles, las aceras son ocupadas por vehículos. Las cunetas han desaparecido, y las clínicas lanzan desperdicios inorgánicas por doquier. Poco pasa en el país.

Hay dejadez de las autoridades en controlar los desperdicios y la anarquía de los buhoneros. Por las avenidas Duarte y Mella y las calles París y Padre Castellanos, lo mejor es no pasar, si no tiene un pañuelo para ponerse en las narices.

Hay que controlar la venta de alimentos en las calles, sin ningún tipo de higiene. También los obstáculos que colocan vagos en las aceras, para tomar bebidas alcohólicas o pasar el día entero jugando desde domino hasta apuestas por las marcas de carros que pasan por el sector.

Las autoridades son indiferentes a esta situación, incluyendo la Policía. En la calle que resido un grupo de haitianos desafía a los moradores y desde las diez de la mañana a diez de la noche se colocan en la acera a jugar domino con un radio a todo volumen, y las patrullas de la policía en motores y camionetas son indiferentes al problema.

Se ha puesto la denuncia a los oficiales que comandan las patrullas y dejan pasar el asunto. Los haitianos dicen que no les importan las denuncias, porque ellos son amigos de los policías de la zona. La arrabalizacion de la ciudad nos indica que no tenemos protección, y que hasta haitianos posiblemente ilegales, nos pueden ofender.

El brote de malaria debe llevar a las autoridades a tomar rápidas y drásticas medidas para salvar a la ciudad de la creciente arrabalizacion. Es una acción que no tolera largas. Se trata de vidas. Se trabaja ahora, o se recogen mañana a las víctimas de esas pestilencias. ¡Ay!, se me acabó la tinta.