Por Manuel Hernández Villeta

El déficits habitacional es imposible de solucionar sin una política de Estado y sin la total cooperación del sector privado. A la clase media hoy se le torna más difícil que nunca tener acceso a una vivienda. Su salario es deprimido, no cuenta con apoyo bancario, a su patrón le importa su suerte y no tiene de donde ahorrar.

El programa de viviendas populares que vende el sector privado, no está al alcance de la deprimida clase media. Para optar por financiamiento bancario se necesita un mínimo de entrada de 30 mil pesos mensuales. Un salario que para muchos esta fuera de su alcance.

Ni siquiera uniendo todas las entradas familiares a esa clase media desamparada le es posible alcanzar una taza de entrada que les permitas obtener el préstamo bancario. El salario mínimo en su máximo esplendor es de doce mil pesos mensuales, y la canasta familiar llega a los 30 mil pesos.

Hay buenos programas habitacionales coordinados entre el gobierno y el sector privado, pero la inflación, el alto costo de la vida, el mantenimiento de salarios de hambre, sigue haciendo que la vivienda sea incosteable. Ni siquiera es posible obtener la suma monetaria que se necesita para entregar el inicial.

Desde el Estado se da un bono que permite hacer más fácil la subvención del inicial. El sector privado al vender en plano hace que se pueda ir pagando el inicial en cuotas, pero ahí está un problema real, esa familia no puede pagar su alquiler actual y diez meses de altas cuotas de avance. Nuestra propuesta es que el Estado siga con su política de entregar tierras, o venderlas barato, a empresas constructoras para que edifiquen proyectos para las personas de escasos recursos.

El sector privado debe dar facilidades para que adquieran su casa los empleados que tienen 15 años o más en una empresa. Conozco por lo menos a cuatro grupos empresariales donde la mayor parte de los empleados tienen laborando sobre los diez años. A esos se les deben dar las facilidades para acceder a los préstamos bancarios, y que paguen cuotas bajas.

En esos proyectos donde el Estado facilite los terrenos y un bono de inicial, es necesario que masivamente los empresarios respalden a sus empleados de larga data para que tengan su casa. Esa ayuda debe llegar a todos, en especial a los que ganan poco más del salario mínimo.

No solo es construir viviendas para reducir el déficit habitacional, sino que también se tienen que dar seguridades de que los de salario mínimo y algo más, puedan adquirir su techo. Es necesario que el sector empresarial comprenda que tiene que tener un rostro humano, y preocuparse más por sus asalariados. ¡Ay!, se me acabó la tinta.