Manuel Díaz Aponte

Nadie, absolutamente nadie, tiene la verdad en las manos en un mundo donde la diversidad crece a un ritmo tan vertiginoso que puede igualarse al desplazamiento de las nubes en el espacio.

Y qué bueno que ello ocurra porque ¿cómo podríamos imaginar una sociedad silenciada donde el debate sea transformado en pieza de museo?

Afortunadamente y para bien de las presentes y futuras generaciones la dictadura y control absoluto de la opinión pública ha quedado atrás, porque vivimos en un mundo donde la democratización de la información cada vez adquiere mayor protagonismo.

Ni siquiera en el interior de los propios partidos políticos se puede aplicar la dictadura absoluta.

Pero hay una alerta roja a partir de la incorporación del Twitter por parte del presidente Donald Trump que busca reemplazar los medios comunicacionales tradicionales estadounidenses, con quienes ha mantenido distanciamiento y polémicas permanentes.

Las principales noticias relacionadas al presidente de Estados Unidos son difundidas primeramente en las redes sociales, pero sobretodo en los Twitters que el propio Trump difunde y más luego la radio, televisión y prensa escrita se hacen eco.

Es un estilo diferente donde en contadas ocasiones los reporteros tienen la oportunidad de formular preguntas a quien dirige la primera potencia del mundo.

En la República Dominicana el surgimiento del innovador y atractivo espacio que representa Marcha Verde es hoy la columna principal del desahogo y expresión de la sociedad, superando con creces la capacidad de convocatoria de las principales organizaciones sociales y políticas del país.

La población ha ido perdiendo la fe en las tradicionales estructuras partidarias como lo demuestra la reciente encuesta de Barómetro de Las Américas que afirma solo un 32 por ciento de los ciudadanos cuestionados cree en los partidos políticos.

El 33.9% de la población dice que la corrupción es el principal mal que afecta a la República Dominicana, de acuerdo a la encuesta Asisa.

Espontaneidad Vs. Conciencia

Todo aquél que ha asistido a una de las actividades promovidas por el Movimiento Marcha Verde lo hace espontáneamente y por supuesto con evidente conciencia.

Allí no se le redistribuye dinero a nadie por su presencia lo que hace mucho más creíble el nivel de fuerza entre la población así como la capacidad de convocatoria.

Esas marchas realizadas eficazmente y en reiteradas ocasiones en Santo Domingo y otras ciudades abren las compuertas a un novedoso mecanismo de expresión y participación popular.

Su efectividad ha traspasado inclusive el avasallante dominio de los medios de comunicación, que en su mayoría han tenido que dar seguimiento a las convocatorias hechas en la capital y las principales provincias del territorio nacional.

Es el espacio de democratización del debate sin intermediación más plural suscitado en la sociedad dominicana, superando los viejos esquemas de movilización de las fuerzas políticas del sistema.

Los mensajes exhibidos en pancartas, letreros, volantes, caricaturas, décimas, camisetas, gorras, composiciones y discursos reflejan creatividad y trayectoria sin límites del ingenio humano.

¿Quién osaría desdeñar la impresionante capacidad de convocatoria de este joven movimiento?, evidenciado con fuerza el pasado domingo 12 de agosto en las calles y avenidas capitalinas pese a las fuertes lluvias.

La fuerza absoluta y homogénea que tenían las estructuras mediáticas mundiales en cuanto al monopolio de decidir los contenidos de opinión y expresión ciudadana ha sido reemplazada progresivamente por nuevos interlocutores.

El motor de transformación y readaptación de las novedosas corrientes comunicacionales actuales es liderado por las Redes Sociales, que tienen prácticamente el control de los sistemas de información.

Paralelamente el Estado viene presionando severamente y hasta cuestionando los contenidos emitidos por medios televisivos y escritos, como ocurre en Estados Unidos, donde el propio presidente Trump encabeza una campaña de insultos y descrédito hacia esas empresas, específicamente contra la poderosa cadena CNN, a quien ha acusado de mentir, manipular y difundir noticias falsas

Una treintena de diarios estadounidenses han salido al frente a esas actuaciones de Trump advirtiendo que se busca silenciar la independencia de los medios de comunicación y controlar sus contenidos y su política editorial.

El maquillaje de la información es defendido por sectores ultraconservadores que prefieren la manipulación, distorsión y el engaño a que se diga la verdad de los hechos. Y para ello, contratan a comunicadores anti éticos que afanosamente tratan de transformar una "mentira en verdad".

Ciertamente la ética está en crisis en el actual ejercicio de la comunicación mundial porque para algunos ya no es importante la profesionalidad y la ética en el ejercicio de los mass media, sino quien se preste a difundir mentiras, palabras obscenas y cuantos disparates se les ocurra.

¿Quién podrá defendernos?

Casi igual situación se vive en Venezuela, Nicaragua, Siria, México y Bolivia donde la presión gubernamental y de grupos poderosos pretende disminuir y silenciar a los medios que cuestionan decisiones desde el Gobierno.

En México, Roberto Rock, directivo de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) define la realidad actual del aparato comunicacional como el "apagón informativo".

El cuadro prevaleciente ha incentivado aún más el protagonismo de los grupos organizados de la sociedad civil como viene ocurriendo en Nicaragua, donde los jóvenes con sus protestas en las calles obligaron al gobierno de Daniel Ortega a dejar sin efectos medidas que afectaban a los sectores empobrecidos.

La lucha contra la corrupción y la impunidad son dos de las banderas levantadas por Marcha Verde contribuyendo así a generar conciencia entre la ciudadanía sobre las consecuencias del saqueo de los fondos públicos.

Ya la gente comprende con exactitud porque hay tantas precariedades en los servicios de los centros hospitalarios estatales y falta de medicamentos. También, las razones del deterioro de las vías públicas en las principales ciudades, los problemas del medio ambiente, la falta de empleos y aumento de la delincuencia.

Si se llega a silenciar la prensa los pueblos no tendrían otro camino que salir a las calles a defender su derecho a vivir y a expresarse. Nada más eso.

Articulo de Manuel Díaz Aponte