Por Manuel Hernández Villeta

La integración del desayuno y el almuerzo a la escuela fue un paso de avance el pasado año. Muchas madres mandan a los niños a la escuela, pensando que van a tener su alimentación y se encontraran protegidos de ocho de la mañana a cinco de la tarde.

Los aumentos de salarios a los profesores y la contratación de cientos de educadores fue una medida positiva. La construcción y puesta en funcionamiento de decenas de escuelas y liceos en todo el país fue un gran paso de avance para llevar la educación a todos los dominicanos.

Fue también un paso de avance entregar computadoras a los niños y sus profesores. Llena un cometido social pensionar a maestros que ya están cansados, dieron al magisterio la mayor parte de su vida útil, y es bien merecido su gran descanso.

A pesar de esos otros puntos que consideramos positivos y que aplaudimos, nos llena el pesimismo cuando se está a punto de iniciar el nuevo año lectivo. Dice el ministro de Educación que cientos de miles de estudiantes que estaban en colegios privados, fueron sacados por sus padres, para que ahora estudien en las escuelas.

La versión oficial es que el sector público está ofreciendo mejor docencia que el privado. No lo creo. El sistema educativo público está en colapso. La mayoría de los profesores contratados carecen de nivel, son de otros estamentos profesionales y únicamente van a las escuelas porque conocen los buenos salarios que se están pagando.

Las estadísticas hablan claro de que una gran mayoría de los niños que están en el tercer grado no saben todavía leer y escribir Las modificaciones curriculares hechas a la carrera y siguiendo patrones internacionales, no garantizan un desarrollo del sistema educativo nacional.

No se ha seguido una práctica científica para seleccionar los libros de texto, muchos de los cuales están atrasados y no aportan nada al desarrollo del conocimiento. Hay que revisar los pensum, hay que actualizar y cambiar libros de textos y sobre todo, hay que tener a los profesores que puedan llevar a cabo esa transformación.

Es intrascendente el cambio de uniforme. Establecer colores por regiones puede ser más traumático que beneficioso. Debe lograrse una gran unidad con el uniforme, y no que desde el pantalón o la franela se dé prioridad a un concepto atrasado de regionalismo. Debe haber un solo uniforme para todo el país.

Al comenzar el año escolar, nadie se preocupa por regular los colegios privados. Estos suben los pagos de colegiatura, cambiar los libros de textos, tienen métodos privados de enseñanza, y nadie parece tener atribuciones para aplicar la ley.

El nuevo año escolar me hace verlo con pesimismo. Creo que en lo que se refiere a la docencia estamos empantanados. Ganamos en el desayuno y la comida gratis. Uno se pregunta qué es más importante la tiza y el pizarrón, o las galletas, el arroz y las habichuelas. Salvemos este año escolar, que la enseñanza ni avanza ni se moderniza. ¡Ay!, se me acabó la tinta.