Pedro Santana Rodríguez

Este martes 7 de agosto tomó posesión de la presidencia de la República, Iván Duque Márquez elegido en segunda vuelta el pasado 17 de junio. Esta elección fue novedosa puesto que el régimen político por primera vez enfrentó de manera unificada al candidato de la izquierda, Gustavo Petro. Ganador en la segunda vuelta al frente de una coalición que congregó a su alrededor a todo el establecimiento tradicional: los partidos políticos, lo gremios económicos y los grandes medios de comunicación, en su discurso de posesión no hizo más que subrayar los grandes temas que sirvieron para lograr el apoyo de 10 millones de votos en contra de los ocho millones conquistados por Petro y con un voto en blanco del 4%.

Dos discursos y una realidad convulsa

En Colombia el encargado de posesionar al presidente electo es el presidente del Congreso y correspondió en esta ocasión al senador del Centro Democrático, Ernesto Macías, quien lo preside desde el pasado 20 de julio. El discurso de Macías fue claramente un discurso de partido que destilo odio, rencor y que pretendió mostrar un país desgarrado y en profunda crisis. Según Macías esta crisis del país la provocó el ahora expresidente Juan Manuel Santos. Macías pretendió con su discurso realizar un corte de cuentas con los ocho años de Gobierno de Santos. Atizó en su intervención la polarización que el propio Centro Democrático ha contribuido a crear, en los seis años de oposición obstruccionista que este partido puso en marcha en contra del Gobierno y en particular la oposición a la negociación que Santos llevó a cabo durante sus ocho años de ejercicio del poder y que terminó con la confrontación armada del Estado con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC-EP a lo largo de los últimos 54 años. Macías muestra un país desgarrado, con profundas desigualdades sociales en que campea el narcotráfico, la proliferación de cultivos ilícitos y la violencia. Ningún logro reconoció a Santos. Por el contrario su discurso buscó fortalecer la narrativa de una oposición perseguida por Santos y rindió un homenaje a su jefe político el expresidente Álvaro Uribe, allí presente.

Contrastando con el discurso de Macías el discurso del hoy presidente Iván Duque estuvo plagado de lugares comunes con pocos anuncios novedosos. En el centro de la intervención de Duque se ubica su propuesta de realizar "El Pacto por Colombia" como tituló su intervención. "Quiero gobernar a Colombia con valores y principios inquebrantables, superando las divisiones de izquierda y derecha, superando con el diálogo popular los sentimientos hirsutos que invitan a la fractura social, quiero gobernar a Colombia con el espíritu de construir, nunca de destruir". Sin embargo más allá de esta retorica no avanzó como logrará ese pacto por Colombia pues no realizó ningún anuncio de cómo hacerlo. En todo el discurso ni siquiera mencionó a la oposición y mucho menos cuál será su relación con ella. Tampoco se refirió a la propuesta de un acuerdo en lo fundamental o un acuerdo de mínimos que ha sido reiterado por Gustavo Petro, después de su derrota.

El centro de atención tanto de la comunidad internacional como de la ciudadanía Colombiana estaba puesto en sus propuestas, hechas en la campaña electoral de reformar los acuerdos de paz con las FARC. Sus posturas han sido duramente cuestionadas no solo por la oposición sino por los organismos internacionales como el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que es el garante internacional de los Acuerdos suscritos en La Habana desde el año 2016 y ratificados por el Congreso el 24 de noviembre de 2016, ante el fracaso del plebiscito en que se impuso el NO y que tuvo dentro de sus principales promotores al hoy presidente de la República. Tres anuncios realizó Duque en su discurso sobre este proceso. Señaló que impulsará un Pacto por la Legalidad. "Quiero una Colombia donde todos podamos construir la paz, donde se acaben esas divisiones falaces entre amigos y enemigos de la paz, porque todos la queremos. Por el respeto a Colombia y por el mandato ciudadano que recibimos, desplegaremos correctivos para asegurar a las víctimas verdad, justicia proporcional, reparación y no repetición. También corregiremos fallas estructurales que se han hecho evidentes en la implementación. Las victimas deben contar con que habrá reparación moral, material y económica por parte de sus victimarios y que no serán agredidas por la impunidad.

Creo en la desmovilización, el desarme y la reinserción de la base guerrillera. Muchos de ellos fueron reclutados forzosamente o separados de su entorno por la intimidación de las armas. Estoy convencido y comprometido con buscar para la base de esas organizaciones, oportunidades productivas y velar por su protección. También nos esforzaremos por la provisión de bienes públicos en todas las regiones del país, empezando por las que han sido golpeadas por la violencia".

Un segundo tema relacionado con la paz lo constituyó el anuncio que el Gobierno que preside presentará un proyecto de enmienda constitucional para eliminar la conexidad del narcotráfico y el secuestro con el delito político de rebelión dejando en claro que esta prohibición regirá hacia el futuro y no hacia el pasado como es apenas obvio dado que en Colombia desde hace muchos años tanto las altas cortes de justicia como leyes expedidas por el Congreso han legitimado esa conexidad para poder enfrentar procesos de negociación con las guerrillas inmersas en negocios con el narcotráfico así como responsables de miles de secuestros. Precisamente de ser aprobada esta enmienda constitucional sería un obstáculo para avanzar en el proceso de negociación con el Ejército de Liberación Nacional, ELN. Y precisamente el tercer anuncio estuvo relacionado con el futuro de las negociaciones y de la mesa que se instaló desde hace 17 meses con esta guerrilla y que se desarrolla en La Habana. Frente a ese proceso señaló que su gobierno realizará una evaluación de ese proceso para determinar el futuro del mismo.

En síntesis frente al proceso de desarrollo de los Acuerdos de La Habana con las guerrillas no avanzó ni concretó sus propuestas. El anuncio de los ajustes en la implementación no despeja el camino. Por el contrario aumenta la incertidumbre sobre los incumplimientos del Estado con los acuerdos logrados con las FARC y tampoco despeja el camino de la negociación con la guerrilla del ELN. Esta incertidumbre fortalece el escepticismo y crea una situación de desencanto en la dirigencia y los mandos medios de la extinta guerrilla de las FARC que puede ser fácilmente capitalizada por los enemigos de los acuerdos y por las disidencias que pueden verse fortalecidas con la deserción que ya se presenta aunque minoritariamente en las filas de la guerrilla en proceso de reinserción.

En el frente económico el presidente Duque reiteró sus propuestas de campaña. Una reforma tributaria para rebajar los impuestos a las grandes empresas con el espejismo que con ello se generara mayor empleo y se avanzará en la formalización del trabajo. Es la reiteración del manejo neoliberal de la economía que se aplica en Colombia desde hace ya cerca de 30 años. Tampoco avanzó en propuestas novedosas en materia educativa o de salud que son dos temas que preocupan a las mayorías y que se reflejaron en el debate electoral y en las encuestas. Lo que se anuncia en su discurso es más de lo mismo en estos aspectos.

Duque reiteró sus anuncios previos de que luchará contra la corrupción sin comprometerse públicamente con la consulta popular que se realizará este próximo 26 de agosto. Este silencio fue celebrado de manera privada por la bancada de su partido que se hizo público por un noticiero de la televisión, Noticias Uno, que enrareció aún más el ambiente. Allí se puede apreciar que el respaldo del Centro Democrático a la consulta es demagógico. Por ello este 8 de agosto Álvaro Uribe anunció que no respaldaran la consulta y que apoyarán en cambio cuatro proyectos de Ley que el Gobierno ha presentado al Congreso y que se refieren a cuatro de las siete preguntas que se someterán a los electores, con lo cual y como era de esperarse la responsabilidad y el peso de la movilización de los electores correrá a cargo de la oposición y de sectores independientes. Esta postura del Centro Democrático es un verdadero caballo de Troya y un boicot a la consulta. De dientes para afuera el Gobierno de Duque manifiesta su respaldo pero apoya al Centro Democrático en su postura de debilitamiento de la consulta popular.

Finalmente Duque reiteró en su discurso que gobernará sin recurrir al clientelismo y a partidas del presupuesto a los parlamentarios de su coalición para conseguir y mantener su respaldo. Este anuncio de mantenerse complicará la conformación de la coalición mayoritaria pues los partidos políticos tradicionales han hecho del clientelismo y el manejo de cuantiosos recursos del presupuesto, la moneda de cambio para apoyar los proyectos del Gobierno de turno. Así se ha ejercido la política en el país y así se ha envilecido. Lo paradójico es que quienes han sido nombrados por Duque y son los beneficiarios del manejo económico y de la burocracia son solo los miembros de su partido el Centro Democrático y los gremios económicos. Duque ha escogido el camino de conformar un gobierno neocorporativo dando representación directa a los grandes gremios económicos buscando con ello legitimar su gobierno no en los partidos que lo apoyaron y en sus representantes sino directamente en los gremios empresariales. La respuesta de los partidos que lo apoyaron aún no es clara. En las próximas semanas se clarificará el panorama puesto que los partidos deberán decidir entre tres opciones de acuerdo con el Estatuto de la Oposición que recién ha entrado en vigencia. Deberán o declararse partidos de gobierno o independientes o de oposición. Hay dos partidos que apoyaron a Duque mayoritariamente que se debaten internamente entre declarase partidos de Gobierno o Independientes. Estos partidos cuentan con bancadas numerosas en el Congreso y su respaldo es crucial para el nuevo gobierno. La pregunta es apremiante ¿a cambio de qué entregarán su respaldo al nuevo gobierno?

Bogotá 9 de agosto de 2018.

Pedro Santana Rodríguez

Director Revista Sur

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