EL TIRO RAPIDO

Que el Ministro de Medio Ambiente y Recursos Naturales exprese un alto grado de preocupación por el feo, lesivo y costoso espectáculo en recursos, esfuerzo e imagen internacional de las aguas del malecón anegadas por cientos de toneladas de basura, que aún siguen fluyendo a través del desagüe de los ríos Isabela y Ozama, se explica con creces dado el cargo que ocupa, y al que toca en gran medida remediar dicha situación.

Que proponga, además, penalizar a todas aquellas personas que arrojan desperdicios, no solo plásticos, sino de todo tipo en las vías públicas, solares yermos, campos, autopistas, ríos y cañadas resulta coincidente con planteamientos similares que se han venido manifestando con dicho motivo, incluyendo de manera reiterada en este mismo espacio.

Pero...¿remedia la situación la propuesta de formar una patrulla de ciento cincuenta motoristas consumiendo tiempo y combustible en el afán de detectar y someter a la justicia a los desaprensivos que sean sorprendidos arrojando basura a diestra y siniestra?

¿Acaso podemos ignorar que se trata de una práctica casi ancestral, que ha ido creciendo en el tiempo adquiriendo fuerza de costumbre y categoría de comportamiento normal?

¿Son decenas, cientos, unos pocos miles apenas los autores de este comportamiento o, por el contrario, generalizado? ¿Ocurre solo en barrios marginados, entre personas de bajo nivel cultural, o por el contrario, se da en todas las escalas sociales, lo mismo el que transita raudo en un motor, como el que conduce una costosa y lujosa yipeta?

No se trata de comportamientos aislados sino de profundo arraigo en la conducta de una gran cantidad de ciudadanos de todas las clases sociales y niveles culturales. Y eso, lamentablemente, no se soluciona en modo alguno con acciones como las que plantea el Ministro de Medio Ambiente, y que mas bien da la impresión de una decisión improvisada.

Un problema cultural de larga data como es el disponer de manera irresponsable y festinada de la basura, requiere antes que nada, poder cambiar ese patrón de comportamiento en base a un sostenido trabajo de toma de conciencia y responsabilidad ciudadana, comenzando por advertir el perjuicio que entraña para la propia salud y la calidad de vida de quienes perpetran esas acciones. No olvidemos que nada motiva mas a la gran mayoría de la gente que su propio y directo interés.

Sanciones para los infractores, más que justificadas. De hecho hemos venido reclamándolas de manera reiterada. Pero eso, como segundo paso, después de agotar un proceso de intensa toma de conciencia pública y empoderamiento ciudadano y de crear las normas, condiciones y facilidades para que pueda llevarse a cabo una correcta disposición de los desechos, inclusive la separación de los mismos, tal como ocurre en otros países y es lo recomendable para mediante el reciclaje hacer un aprovechamiento rentable de los mismos.

Tal pudiera y debiera ser una de las tareas de amplio e inmediato abordaje del programa "Dominicana Limpia". Porque poco hacemos si eliminamos los vertederos existentes para sustituirlos por modernos rellenos sanitarios, si mantenemos la incultura e inconducta de seguir improvisando y llenando el territorio nacional de pequeños vertederos arrojando la basura donde primero nos acomode sin pensar en las nocivas consecuencias para el país, los demás y nosotros mismos.

Por lo demás, quizás esos ciento cincuenta motoristas prestarían un servicio mucho más útil y efectivo fortaleciendo el patrullaje de las bastantes desguarnecidas áreas protegidas del país que con tanto frecuencia son objeto de irresponsable depredación.

(Teledebate@hotmail.com).