Por Manuel Hernández Villeta

En los últimos días el agregado comercial de la embajada de los Estados Unidos ha estado activo, difundiendo el alegado compromiso de su gobierno, para que se extermine la corrupción en la República Dominicana. Parece que es la despedida de este funcionario, ante la inminente llegada de la nueva embajadora.

Es difícil pensar en los Estados Unidos como paladines de la lucha contra la corrupción y de defensores de los derechos humanos. La historia demuestra que es todo lo contrario. Los gobiernos norteamericanos han sido los responsables en la formación de políticos corruptos, que han actuado de espaldas a los mejores intereses nacionales.

Esos políticos, desde principios del pasado siglo 20, trataron de vender nuestra soberanía y nuestras riquezas a los norteamericanos, y siempre encontraron de frente a los sectores más progresistas del país. Los norteamericanos nos invadieron dos veces en el siglo pasado con tropas militares, y por siempre han mantenido el control de la vida nacional, manipulando la economía y la política.

Es una máscara de mal gusto que ahora el representante del gobierno norteamericano diga que su administración está comprometida con mantener niveles de pulcritud en la vida pública nacional. Se olvida el interino embajador norteamericano que la corriente política que siempre han favorecido los norteamericanos en el país está ligada a la corrupción, al robo público y a la violencia institucional.

En la primera intervención norteamericana, se reacomodó la vida nacional para que las principales riquezas estuvieran en manos de empresarios ligados al lejano Norte. Cuando decidieron retirar a los soldados, dejaron en el poder a Trujillo y su larga dictadura de 31 años.

No pueden dictar los Estados Unidos normas morales al país cuando Trujillo fue su engendro político, dejado por su intervención, y al que apoyaron durante unos 29 años, y comenzaron a considerar que era necesario eliminarlo, por la nueva geo-política que se inicia con la revolución cubana.

Crearon los norteamericanos a Trujillo y lo eliminaron cuando consideraron que ya no le era útil a sus propósitos y que era necesario buscar otros rumbos, por temor al estallido de una revolución popular estilo la cuba de Fidel castro.

Los norteamericanos fueron la columna que dio fuerzas al golpe de Estado al profesor Juan Bosch. Ayudaron a cercenar las libertades públicas, y cuando el pueblo en armas trató de volver a la Constitucionalidad sin la celebración de elecciones, desembarcó de nuevo a los marines.

No hay confianza en esa línea política de los norteamericanos de apoyar la lucha contra la corrupción. Primero deben hacerse su mea-culpa por haber aupado a políticos sin moral, y grupos de seguridad violadores de los derechos humanos. Por demás, el pueblo de los Estados Unidos debe ser solidario con nuestro pueblo y su lucha por lograr la institucionalidad y el desarrollo de la democracia. Si el gobierno norteamericano tiene interés en enfrentar la corrupción, que dé el primer paso. ¡Ay!, se me acabó la