Por Manuel Hernández Villeta

La izquierda latinoamericana ha caído en un difícil momento. Se hace difícil poder levantar cuerpo cuando los paradigmas han fracasado. La derecha nunca descansó y por siempre estuvo en pie, solo que echada a un lado, esperando dar su zarpazo de nuevo.

Hoy vemos que de nuevo las izquierdas bajan el lomo, dejan terreno, sus líderes son perseguidos o dejan el poder, en lo que significa de nuevo el rugido de los segmentos de derecha. Difícil determinar cuál será el futuro inmediato de América Latina, en medio de estas presiones mediáticas.

Ya han caído gobiernos progresistas, sea por golpes de Estado institucional, o por elecciones, o por desestabilización, lo cual hace preguntar dónde está su ambientación popular, y las masas que le respaldaban. Hay que hacer revisión de donde muchos gobiernos y movimientos perdieron respaldo, lo que dio paso a la desestabilización.

Para un gobierno progresista, ampliar la lucha de las conquistas sociales es básico. No se puede dejar a un lado a miles de mujeres y hombres que están a los niveles de miseria, o a los profesionales de clase media que no entran con facilidad a los medios de producción.

Si vemos el panorama político y social de América Latina, nos daremos cuenta de los tropezones que se han dado en ese camino donde la esperanza se marchita, y vuelve y renace. Las ideas no han fracaso, si no algunos agentes que debieron implementarla.

La utopía de un mundo mejor, y de que haya una genuina distribución de las riquezas, no fue una moda. Hoy es el anhelo de toda la humanidad. Pero el camino será cada día más difícil. Hoy lo que más se debate es el establecimiento del capitalismo de Estado, con el modelo a lo chino, y en el que para sobrevivir se van a tener que asimilar los cubanos.

Pero los cambios son indetenibles, aunque haya murallas que se interponen. En países como la Republica Dominiicana es difícil el momento, cuando los paradigmas han terminado, y la política es la forma ideal para dar saltos sociales. Hay que cambiar la cartilla, y comprender que los países se desarrollan y avanzan, cuando se buscan cambios de rumbos, para dejar a un lado el abandono y la marginalidad.

La izquierda de los sesenta es letra perdida. Hay que levantar a nuevos hombres y mujeres para la lucha de hoy. No hay reflejos de política internacional, sino de lucha de acuerdo a la situación interna de cada país. Puede subsistir el internacionalismo proletario, pero con una cara totalmente distinta.

Pero el futuro está en un gran frente de masas. Donde cada sector pueda aportar sus ideas y su capacidad de lucha. La ideología y los problemas existenciales no han variado, sino la forma en que tienen que ser abordados y tratados. Todavía hay terreno para la esperanza, aunque el camino está más empedrado que nunca.

En nuestro caso, no hay cambios profundos a la vista. Ninguno de los partidos actuales plantea cambios que puedan ser necesarios, pero que para conservadores, podrían ser traumáticos. Lo importante, es que puedan renacer las esperanzas y que se levanten de nuevo las banderas del cambio, de la solidaridad y del progreso. ¡Ay!, se me acabo la tinta.