A Pleno Sol

Por Manuel Hernández Villeta

Podría iniciarse una crisis entre los partidos mayoritarios, que son cuatro, de ser aprobada las primarias abiertas. Los estragos más fuertes los sufriría la Junta Central Electoral. Sin capacidad para organizar y supervisar por lo menos cuatro convenciones externas, descuidara su obligación central y perdería credibilidad y apoyo público.

Ningún acuerdo, aunque surja uno de aposento, libraría de la crisis interna, de las fisuras expandibles, a los partidos de la Liberación Dominicana, Revolucionario Moderno, Reformista Social Cristiano y Revolucionario Dominicano. Las divisiones levantarían banderas.

Una primaria externa significa que si una tendencia tiene amplios recursos económicos y apoyo logístico, puede movilizar a miles de personas para que voten, sin ser militantes, por un candidato determinado. Sería el levantamiento de una estatua al poder que da el dinero. La democracia se quitaría el velo.

Se descartan primarias simultaneas y el mismo día para todos los partidos, porque la JCE no tiene capacidad para esa maniobra. Ese trabajo supone más esfuerzos que la preparación de las elecciones generales, y está por encima de la logística del día de las votaciones.

Los partidos deben resolver sus problemas de primarias, en convenciones internas, de acuerdo a lo que pauten los estatutos, o lo que decidan sus máximos órganos de dirección. Ese es el camino que se debe seguir. Lo demás es entrar a una crisis partidaria, que afectará al estamento político.

Por lo pronto, no hay los votos suficientes para que se impongan las primarias abiertas o cerradas. A los partidos no les interesa una ley que regule sus actividades. Todos los partidos viven en el desorden administrativo y político, y no quieren corregir esa situación.

Además, cualquier decisión que se tome tendrá que ir al Constitucional, al Tribunal Electoral y posiblemente a la Suprema Corte de Justicia. Tomando en cuenta que mientras estén los litigios en marcha no se podrán realizar convenciones, los partidos se empantanaran en la búsqueda de sus candidatos.

Esa tormentosa ley de partidos, incluyendo las primarias abiertas o cerradas, debe quedar congelada y no ser conocida en estos momentos. No hay las condiciones para que entre en vigencia una ley de ese tipo, con el congreso dividido y sin autoridad, por lo que solo se podría aprobar mediante la fuerza del aplastamiento, la compra de votos, o alianzas circunstanciales que podrían ser una muestra de hacia dónde va el próximo proceso electoral.

La JCE no se puede distraer en estos chismes políticos y luchas de tendencias. Su misión es preparar las venideras elecciones y en esto debe estar su pleno bien claro. Cualquier distracción atenta contra el eventual derecho democrático de los dominicanos de elegir y ser electos. Que cada partido sea dueño de su destino interno; Congelar la Ley de Partidos y seguir adelante con la preparación de las venideras elecciones. ¡Ay!, se me acabo la tinta.