Por Manuel Hernández Villeta

Parece una exageración hablar de conspiración desestabilizadora en contra del gobierno. Una denuncia que no está avalada en seguimiento de hechos, sino que parece ser un desahogo emocional. Donde hay una oposición sumamente débil, es imposible llevar a cabo un proceso desestabilizador.

Las cuotas que tienen los partidos de oposición en la nomenclatura del Estado son débiles. No tienen la mayoría congresual, carecen de caras mayoritarias en la Suprema Corte de Justicia, en el tribunal Constitucional, en el Tribunal Electoral, en el ministerio público y en la Junta Central Electoral.

En los países donde se han dado los llamados Golpes de Estado Institucionales, específicamente en Brasil, el gobierno perdió la fuerza de la alianza política, y dejó de ser fuerte en el congreso, en las cortes y ni siquiera tiene jueces a su favor.

Puede haber intentos de desestabilizar a un gobierno, pero eso no se logra con artículos o titulares de periódicos. La conspiración entraña un terremoto político y social, donde se busca la forma de sacar a un gobierno del poder, y abrir el terreno para un nuevo mandatario, o convocar a elecciones adelantadas.

Es un sueño o una pesadilla, hablar en estos momentos de acciones desestabilizadoras, sin la oposición con la suficiente fuerza para tener las calles bajo su dominio y capacidad de movilizar a las masas con una simple proclama. Nadie tiene hoy ese poder en la Republica Dominicana. Quizás históricamente el último en tenerlo fue el doctor José Francisco Peña Gómez.

Sin embargo, la desestabilización institucional es parte del rejuego político. Las coyunturas llegan y a veces fructifican, y en otras pasan desapercibidas. El hombre y los hechos políticos son parte del devenir diario de la vida. No hay condiciones ahora mismo, pero nada se puede descartar.

La madre de la desestabilización son los problemas económicos. Cuando la mayoría, sobre todo la clase media, siente la soga en el cuello, se desespera y busca soluciones milagrosas. De ahí, que para ser buen auscultador social, hay que reconocer que siempre hay un fosforo cercano a una mecha impregnada de gasolina.

La desestabilización de un gobierno no es el mejor camino de institucionalizar el país. Por eso los dominicanos se tienen que empoderar de su responsabilidad al momento de votar en las elecciones. En ocasiones los procesos electorales lucen desacreditados por la venta y compra de votos. Se vende la conciencia, y se compra el paso a la gloria.

Pasamos por la sangrienta experiencia de un golpe de Estado que devino en revolución y luego en una dicta-blanda. Dar pasos hacia atrás seria lanzar al país al cráter del volcán para que se pulverice. La oposición debe jugar su papel de enfrentar los entuertos del gobierno, en el marco de la democracia. Hay que dejar los tremendismos y las denuncias fantasiosas, porque ellas dejan ver las lagunas institucionales de nuestro sistema, donde pisamos tierra firme, pero estamos rodeados de arena movediza. ¡Ay!, se me acabo la tinta.