Por Manuel Hernández Villeta

¿Qué importancia puede tener un Duarte de bronce?. Ninguna. Páginas para el tremendismo. Fue un idealista, que visionó una república libre e independiente. No fue un artesano que en la fragua trató de dominar los metales. Fue un visionario que ante una ocupación militar brutal, dio paso a forjar a una república libre e independiente. Hoy, ninguna importancia tiene un Duarte pergeñado en un metal negro.

Lo importante y lo trascendental de Duarte son sus ideas. Las que a golpe de sacrificios, destierro y privaciones económicas, lo llevaron a proclamar a una República Dominicana libre e independiente, que siempre tiene que estar fuera de la dominación extranjera.

Es una hipocresía alarmarse por un Duarte de metal, pero desdeñar todos los días su mensaje libertario. Su reciedumbre moral. Sus ideas de acero, para sobrevivir a la ignominia, a las deportaciones, al largo exilio y aun así, no doblar sus rodillas.

Tenemos que refugiarnos en sus ideas, en su visión de un mundo mejor, al nacimiento de una nueva vida, cuando se hacía eterna la intervención militar haitiana. Poco importa su largo exilio y su tiempo de olvidos, porque sentó las bases de lo que somos. Como Martí, supo dar el paso inicial levantando el firme ideal de los principios.

Qué importancia puede tener el bronce, desdibujando a Duarte presentándolo derrotado por la vida, al pie de la tumba, arrugado por las amarguras. Ese no es Duarte, esa es la visión del escultor de un hombre caído, sin esperanzas, sin metas, sin ideales, al cual la vida ha doblegado. Ese busto no sintetiza al idealista, al forjador, al luchador, al libertador. No, es la simple idea de un artista de un hombre derrotado por sus dolores internos.

Al Duarte que tenemos que reverenciar es al que forja la lucha clandestina contra la intervención extranjera. Hay que levantar al Duarte de pensamientos heroicos, que clama por una libertad total y un país libre y soberano. Es su lucha contra la intervención haitiana y la anexión a España, es su reciedumbre y su moral sometida a sacrificios y pruebas.

Los dominicanos hemos conocido múltiples intervenciones extranjeras. Los españoles sucedieron a los haitianos, luego de la anexión de Pedro Santana, pero entonces llegó el grito reivindicador de Capotillo, con el inicio de la guerra de la Restauración.

En el siglo pasado los norteamericanos nos intervinieron en dos ocasiones. En la primera, luego de cercenar las libertades públicas, dejaron en el gobierno a la larga dictadura de Trujillo, y en la segunda, evitaron que el pueblo en armas lograra el retorno a la Constitucionalidad.

En este siglo 21 que avanza hay nuevas luchas, nuevas jornadas de búsqueda de libertad social y económica. En estas luchas el ejemplo, el ideario y la fortaleza de honradez y entrega de Duarte está presente. No es un Duarte de bronce, ¡carajo!, el que nos hace falta para iluminar el camino, si tenemos presente al de los ideales que deben estar inscritos en el corazón y el pensamiento de cada dominicano. ¡Ay!, se me acabó la tinta.