Por Manuel Hernández Villeta

El sistema público educativo colapsó en la República Dominicana. Los últimos datos sobre la mesa son desgarrantes y conllevan a plantear que se necesitan urgentes modificaciones y amputaciones. Es sacar de las miasmas a un segmento profesional y técnico que está en el abandono.

En el área pública, el nivel de la educación básica y el universitario tienen los mismos sinsabores. La burocracia lo copa todo. El economicismo de profesores y técnicos hace descuidar la docencia. En la escuela parece que lo importante es el desayuno y el almuerzo, y en la universidad la norma es el sueldo, los préstamos, las facilidades y la pensión.

En las escuelas públicas hay que hacer modificaciones radicales del sistema de enseñanza. Estamos preparando niños llenos de lagunas, que serán incapaces de ser buenos profesionales. Lo primero es aplicar el examen de capacidad a los maestros.

Con los buenos salarios de hoy, a las escuelas se han lanzado malos profesionales de otras áreas, que sin tener vocación quieren llenar las vacantes que abre la tanda extendida. El resultado es que el noventa por ciento de los profesores de nuevo ingreso están incapacitados para impartir docencia.

Aferrados a unas insustanciales pruebas nacionales, las autoridades persisten en hacer exámenes anuales que únicamente sirven para demostrar que la casi totalidad de los muchachos están mal preparados y a duras penas pasan de curso.

Sobre la Universidad Autónoma de Santo Domingo, la nueva rectora dio a conocer un plan de trabajo esperanzador, donde en su discurso de juramentación puso el dedo en las llagas y podredumbres de esa academia.

Pero no solo tiene que haber reconocimiento de los males, sino tomar medidas de corrección. Nadie podrá hacer cambios e introducir mejorías en la UASD, si primero no se termina con el llamado co-gobierno, que es el gran generador de podredumbres.

Hay que eliminar de los puestos direccionales al sindicato de profesores, a la asociación de empleados, a la mal llamada Federación de Estudiantes Dominicanos. Estos grupos cuando se reunifican tienen más fuerza que la rectora y los miembros del consejo universitario que la apoya. Si ella no elimina el co-gobierno, ni siquiera va a quitar el polvo de su escritorio.

La UASD tiene miembros gangrenados que tienen que ser amputados. Es un parto desgarrador, pero se tiene que tener la valentía de ejecutarlo. Si la rectora no elimina el monstruo del co-gobierno tendrá las manos atadas, como ha pasado con todos los rectores.

Ni la educación pública básica, ni la universitaria, están a la altura del siglo 21. En ambos sectores se está viviendo la vorágine política de los años 60, donde todos estos tremendismos eran pasables en aras de que se estaban sentando las bases para la revolución que permitiría el desarrollo nacional. Hoy de esa predicamento, solo quedan murallas carcomidas que tienen que ser demolidas, si se quiere que haya un moderno y ejemplar sistema educativo. ¡Ay!, se me acabó la tinta.