EL TIRO RAPIDO

Con el exitoso rescate en Tailandia de los últimos cuatro de los doce menores y el joven técnico del equipo de fútbol de que forman parte culminó una de las más dramáticas y complejas misiones de rescate en lo que va del presente siglo, solo comparable a la que por espacio de cincuenta y cinco días se tomó la de sacar con vida de las entrañas de la tierra a los mineros chilenos en años recientes.

Al igual que en este caso, el mundo siguió con tensa expectación el curso de los esfuerzos desplegados para liberar de su encierro al grupo, que quedó atrapado en la reducida elevación de una cueva inundada por la crecida de las aguas, donde fueron localizados.

Se trató de una misión en extremo difícil, cuya primera fase fue ubicar el lugar exacto donde se encontraban para llevarles alimentos, agua y suministros vitales, pero sobre todo aliento y esperanza de vida.

El siguiente reto fue preparar al grupo para utilizar la única vía de escape posible a través de una tortuosa e inundada red de angostos túneles, nadando por debajo de las oscuras aguas carentes de toda visibilidad. Un fatigoso trayecto de varias horas, utilizando tanques dotados de suficiente provisión de oxígeno. A varios de los menores fue preciso darles clases elementales de natación, y a todos el uso de los tanques.

Cuatro primero, otros cuatro al día siguiente, y ahora los últimos cuatro y el técnico, son el feliz resultado de la misión de salvamento, que por varios tensos días absorbió gran parte del interés público, compartido con el mundial de fútbol ya a punto de finalizar, donde Rusia vistió de largo su papel de país anfitrión, y su escuadra, aun cuando no pudo clasificar para los cuartos de final, tuvo un excelente y sorprendente desempeño.

Como al igual que frente a otros hechos parecidos, el rescate de Tailandia sacó a relucir nuevo el espíritu solidario y la veta más generosa del ser humano. Fue palpable y emocionante el empeño que pusieron los rescatistas encargados de la misión. Lo fue también el aporte internacional. De los 18 buzos que participaron en la misma, 13 eran voluntarios extranjeros que se ofrecieron espontáneamente. Y de los lugares más remotos del planeta, se hicieron patentes múltiples mensajes de solidaridad y esperanza.

Los catorce menores y el joven técnico han regresado sanos y salvos a sus hogares. El tiempo irá disipando y convirtiendo en anecdótica la terrible experiencia por la que han pasado. El recuerdo en el futuro de una aventura cuyo relato siempre resultará fascinante para sus amistades y familiares.

Pero lamentablemente... no todos tuvieron la dicha de salvarse. Por intentar salvarlos perdió la vida el buzo Samarn Poonan. Miembro de la Armada Tailandesa, pese a estar fuera de servicio se ofreció como voluntario para ayudar en el rescate. En medio de la peligrosa misión, a sus pulmones dejó de llegar el oxígeno al agotarse la reserva de la bombona que era su fuente de vida. Su heroísmo y su sacrificio son el precio de la víctima inocente que cobró la misión que hoy nos llena a todos admiración y regocijo.

Justo rendir honor a su memoria y el generoso gesto por el que entregó su vida.

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