Por Manuel Hernández Villeta

Hay un cambio político que se está dando en América Latina. Se van los gobiernos de neo-izquierda y va resurgiendo la derecha. Ya parece que están congelados los experimentos de los gobiernos de Venezuela y Brasil, mientras que en Cuba se esperan nuevos cambios.

Las recientes elecciones de México dan paso hacia el gobierno a un partido nuevo, pero con rostros viejos, curtidos en la política, que cambiaron objetivos para poder alcanzar metas. Ligeras variantes de un izquierdismo moderado, que no habla de cambios, sino de concertación.

Mientras esa senda de cambios se va dando en América Latina los partidos políticos dominicanos lucen que se encuentran con los pies atrapados en concreto. No dan paso adelante, solo retroceden y tratan de ocultar realidades.

Ya paso la etapa de los grandes caudillos, y puede ser que sea la última oportunidad de los que surgieron a la palestra luego de la desaparición física de Joaquín Balaguer, José Francisco Peña Gómez y Juan Bosch.

Hoy hay que superarlos a los tres. Su momento histórico quedo detrás. Los partidos nacionales son cuerpos añejos, que andan con bastón, con dirigentes que no tienen la fuerza de dar un paso al frente y abrir paso a las nuevas generaciones.

En México no se puede hablar de que surgieron nuevas caras. Puede ser la sigla nueva de un partido, pero su nuevo presidente y sus principales dirigentes tienen años accionando en la vida social de ese país. A nivel local nadie se puede poner el ropaje de nuevo, cuando en sus costilla está el sabor de lo añejo, que ya es insoportable.

Hoy lo que se necesitan son cambios, nuevas variantes de tratar los problemas sociales. Las elecciones son para repartir regalías por voto, es la esencia de levantar la bandera del populismo, es para ganar unos comicios sin programa de gobierno, contando solo con el soborno sacado de forma oportuna.

En vez de estar en las calles haciendo manifestaciones partidistas a destiempo, los partidos lo que tienen es que trabajar y presentar a la nación una clara propuesta de gobierno, que sea creíble y aceptable.

Pero sería una farsa una propuesta aérea, sin importancia, hecha por tecnócratas demagogos. Hay que comenzar a trabajar, para tener credibilidad, buscando mejorar las condiciones sociales y económicas del país.

México y sus elecciones fueron producto de causas y coyunturas nacionales, y es cometer un gran error pensar que ese fenómeno, de una izquierda que se reinventa, se podría llevar a cabo en el país. Aquí no hay caras nuevas independientes en la política, y las siglas no pasan de ser la formación donde se siguen aglutinando los viejos robles que no se quieren pensionar. ¡Ay!, se me acabo la tinta.

Manuel Hernandez Villeta