Por Manuel Hernández Villeta

La iglesia dominicana tiene que pasar revista a su accionar. En ocasiones está alejada de la predica cristiana de ser abanderada de los pobres y luchar por los más necesitados de la tierra. Jesús levanto el mensaje de la redención, de salvar a los que doblaron las rodillas, de llevar la voz de la justicia a los que sufrían las injusticias.

Pero sobre todo, el mensaje de Jesús está dirigido a llevar un mensaje de esperanzas a los más necesitados de la tierra. No es para los poderosos, sino para los que están a punto de perder las esperanzas, y se encuentran solos en el medio de las desgracias.

Sectores de la iglesia dominicana se apartan del mensaje de Cristo, sencillamente porque no lo cumplen. El sacerdocio no se debe ver como una profesión que se estudia tres o cuatro años, sino que se tiene que sentir como la voz que clamando en el desierto predica las buenas nuevas, da a conocer el evangelio.

No estoy de acuerdo con las expresiones del obispo Víctor Masalles, sobre el papel que debe desempeñar un cura. No es el mejor papel del evangelista, que únicamente se encuentre en la iglesia para dar su interpretación personal del mensaje de cristo, sin accionar a favor de los que apenas si respiran, porque ya perdieron la fe y el deseo de lucha.

Un agitador que sale a quemar gomas, y a vociferar como un rebelde sin causa, no es un verdadero luchador social. No pasa de ser un tremendista que se escuda en los problemas comunitarios para dar rienda suelta a sus debilidades y frustraciones. Otra cosa es el luchador social, el defensor de los pobres, que se estremece ante el hambre, la miseria, la exclusión, la gran cantidad de madres solteras, los niños sin futuro, las violaciones a menores, una distribución anárquica de las riquezas.

El cura con sentido social es lo que se necesita en este siglo 21. No es el hombre de sotana que apoyara a la dictadura de Trujillo, las masacres de los doce años, o al comienzo de nuestra historia, que santifico la carnicería que llevaron a cabo los españoles y otros europeas, en la conquista de evangelización del Nuevo Mundo.

El sacerdote que no levanta su voz contra las injusticias, no está cumpliendo con el mandato de Cristo. El que le da las espaldas a los pobres, viola su compromiso de frente a la Biblia. Hay que salvar al hombre en lo espiritual, sin dejar a un lado su vía crucis diario.

El sacerdote tiene que levantar su lecho y andar todos los días, para ser un buen cristiano, para sentir el calor de su pueblo, de los pobres y excluidos que fueron el eje central del mensaje cristiano. No es un verdadero cristiano, el que no le estremece el dolor y el sacrificio de los pobres que son crucificados a diaria. ¡Ay!, se me acabo la tinta.