Por Manuel Hernández Villeta

No importa el nombre del nuevo rector, ni de los integrantes del consejo directivo. La Universidad Autónoma de Santo Domingo necesita entrar de lleno en el siglo 21. Tiene que dejar a un lado métodos que fueron efectivos en los doce años del doctor Joaquín Balaguer, pero que hoy son obsoletos e inaceptables.

La política solo debe entrar a la casa de altos estudios como materia filosófica. El partidismo de grupos que solo tienen incidencia en el campus con fuero universitario debe quedar en el pasado. Son rémoras que todavía arrastra una academia que resurgió luego de la revolución de abril, pero que al correr de los años se ahogó en su propia salsa.

Se justificaba el ambiente de libertad y de libre discusión en el campus universitario, en momentos de gran represión por parte de organismos de seguridad. De hecho, la UASD llegó a ser un territorio libre, pero también dio pie a una de sus manifestaciones más cuestionables: el estudiante profesional.

Incalificable que un estudiante que en el papel está cursando una carrera de tres años permanezca 20 en las aulas, o por lo menos renovando matrícula todos los semestres o cuatrimestre. Un estudiante que era utilizado por grupos estudiantiles sin representatividad, para ejecutar posiciones tremendistas, tremebundas y, en ocasiones, impuestas por la fuerza o el miedo.

Hoy lo único que cabe en la UASD es la hora de la razón, una academia de investigación, de estudios, de modernización. Es la hora de aplicar la baja estudiantil. No debe estar en aulas aquel que no da para una carrera profesional. Sin posibilidades de seguir estudiando al máximo nivel, a ese muchacho se le debe encaminar hacia una institución formadora de técnicos.

Sin importar quienes integren las nuevas autoridades, hay que dar el paso hacia el siglo 21. Ya no hay razón ni justificaciones para mantener un cogobierno que lastra a la institución. Hay que enterrar el llamado cogobierno de profesores, estudiantes y empleados. De un plumazo se le debe dar todo el poder a las autoridades nuevas, y sacar ese lastre del trío gubernamental.

No hay justificación para tener un sindicato de trabajadores que ante cualquier medida doblega el pulso a las autoridades. Los profesores deben ser más comedidos en sus demandas, y no victimizar a los estudiantes cuando paralizan la docencia en busca de mejores salarios.

Y hay que eliminar el gobierno estudiantil. Hace años que la Federación de Estudiantes Dominicanos dejó de ser representativa. Únicamente ejerce influencias en la UASD, está de espaldas a los problemas del estudiante universitario a nivel nacional y se constituye en una retranca para el progreso.

Asimismo se le tiene que restar fuerza a los grupos estudiantiles, apéndices de partidos políticos que sólo tienen existencia en la zona universitaria. No es con programas de gobierno levantados para ganar elecciones, que se va a modernizar la UASD, sino cortando de un tajo los maniqueísmos, los abusos e impertinencias disfrazados de manifestaciones ideológicas. ¡Ay!, se me acabó la tinta.