Por Manuel Hernández Villeta

Cualquier ley sobre el aborto, tiene que surgir en medio de la concertación. El atropello de un sector para que se legalice el aborto, constituiría una violación constitucional y humana de las creencias y de la libertad de tomar decisiones.

El aborto terapéutico se tiene que legislar y aprobar, respetando posiciones de las feministas y la sociedad civil, pero también de los sectores religiosos. Un atropello para dar paso a la llamada modernidad es inaceptable. En una sociedad democrática, o por lo menos en una caricatura de democracia, tiene que ser escuchada la posición de cada cual.

Al levantar la línea del aborto hay grupos radicales que desean aplastar a los religiosos, y no estoy de acuerdo. En la aplicación o el rechazo del aborto hay posiciones de enfrentamiento que en una primera etapa es imposible que se reconcilien, por eso, este tema tiene que llegar en base a la concertación.

Mi propuesta es que se llegue a un acuerdo sobre el aborto cuando el mantenimiento del embarazo puede llevar a la muerte de la madre. La ley debe incluir que todo aborto tiene que ser autorizado con un consejo de médicos de la clínica u hospital, donde esté representado el consejero espiritual de la paciente de orientación cristiana.

Los médicos harían las evaluaciones de rigor y vendría su recomendación, siempre tratando de salvar la vida de la paciente. El pastor es necesario, porque autorizar un aborto violando las creencias de la mujer, es llevarla a una depresión, a una frustración, a una herida de la cual talvez nunca se pueda recuperar. Se tiene que escuchar en esa junta de médico la opinión de su consejero espiritual.

El aborto bajo ninguna circunstancia puede ser la acción para poner freno a una noche de desenfreno. Premiar la promiscuidad de mujeres que sostienen sexo alegre y luego buscan el bisturí para terminar el embarazo no es aceptable. La mujer se tiene que planificarse para no dar paso al embarazo.

Lo que se introducir es aumentar las medidas de prevención y difusión de lo que conlleva el sexo irresponsable. Va camino del despeñadero, Una sociedad donde el aborto tape las fallas morales y los efectos del sexo a granel y sin responsabilidad.

Hay prácticas de aborto por alegadas malformación del feto, que ahora mismo no hay condiciones para ser colocadas en una nueva ley. Esa discusión se tiene que postergar hasta nuevo aviso. Si se puede discutir el aborto cuando hay violaciones, escuchando a la junta de médicos y al consejero espiritual de la paciente.

No es que el rosario o la biblia se meta en los ovarios de las feministas, como dicen ellas, es que el tema del aborto abarca un segmento embrionario de la vida humana, y no se puede cortar por capricho o por veleidades de jóvenes que para ellas el amor libre no tiene consecuencias. A consensuar el tema del aborto, respetando los criterios de cada cual, y llegando a soluciones aceptables para todas las partes. Pero siempre poniendo en primer lugar, que un atentado contra la vida, en cualquiera de sus manifestaciones, es un crimen. ¡Ay!, se me acabó la tinta.