Por Manuel Hernández Villeta

Las ideologías se perdieron, se quedaron en el camino. Hoy lo que manda es el capital. La lucha de liberación nacional está en los libros, pero ahora no aparece quiénes la lleven a cabo. Los poderosos imperiosos socialistas se desvanecieron con el paso del tiempo.

Chino hoy ha logrado ser una de las naciones de mayor desarrollo económico. Su fuente de penetración ya no es el libro rojo, sino la bolsa de valores. Es una economía política de mercado, dirigida por el Partido Comunista. No es la China de Mao, con la que se establecieron relaciones diplomáticas, sino uno de los controladores de la economía del mundo.

En el país se vive ese reflejo del fin de las viejas ideologías. No hay diferencias entre los partidos políticos. Lo mismo se mezcla en alianzas antiguos impulsadores de la lucha armada, y que tomaron como bandera el espíritu de los expedicionarios del 14 de Junio, que funcionarios del gobierno de los doce años del doctor Joaquín Balaguer.

Los partidos dominicanos han dado un paso a la retaguardia. Dejaron la ideología para buscar un cargo en el gobierno. No se piensa en cambio social, sino en quitarse la chaqueta y montarse en la yipeta. Pero la ideología es lo único que puede cambiar el curso de nuestra historia.

La historia no se detiene, pero si las ideologías. Las que dieron basamento a la revolución de Octubre están petrificadas y congeladas en folletos dónde todavía se ve como valido dar dos pasos adelante, y uno hacia atrás.

La historia no muere, pero las ideologías necesitan renacer, tener nuevas caras, nuevas manos, nuevas actitudes. Mao, Lenin, Fidel llenaron su época y cumplieron su cometido histórico. Hay ahora que dar un salto adelante. Millones de personas siguen viviendo en la mayor de las miserias, sin alimentos, sin agua, sin asistencia médica, sin techos, sin educación...

El mundo necesita esperanzas, luchas por un futuro mejor. Cuando se pierden las fuerzas y los músculos se cansan en medio del camino, llega el pesimismo, el abandono el doblar las rodillas, cerrar los ojos, y tratar de vivir un día más. Así no puede ser.

Se les habla aviesamente del futuro, pero ellos no tienen ni presente ni futuro. Hoy, ahora mismo, es que comienza el futuro, y para los que viven en los países pobres del tercer mundo, solo hay pasado. Hay que revertir esa situación. El mundo necesita más justicia social. La nueva ideología es el capitalismo de Estado, que deja a los pobres sumergidos en el fango de la miseria. ¡Ay!, se me acabó la tinta.