Por Manuel Hernández Villeta

El número de diputados y senadores debe ser congelado. No hay un verdadero espíritu democrático creando nuevas plazas para legisladores. Por el contrario, hay que trabajar con los puestos existentes, que son suficientes para poder legislar.

Las plazas para síndicos y legisladores se crean en el país para satisfacer la demanda de expansión de los grandes partidos. No hay un sentir nacional de que haya pluralidad en las decisiones, sino tener votos para conseguir mayoría.

Además, de que antes que ser participativo, ganar una curul en las elecciones se corresponde a un propósito meramente comercial-partidista de llenar cuotas, y los intereses de los dominicanos ocupan un lugar distante.

Pasó una locura parecido cuando se comenzó a crear provincias y municipios a la carrera. Sin estructuras ni organización institucional y geográfica, se satisfizo las necesidades mediáticas de partidos políticos. El correr del tiempo fue tan malicioso que los creadores de provincias y municipios a la carrera no pudieron luego ganar elecciones de forma justa.

Las cámaras legislativas cuestan demasiado dinero al pueblo dominicano, por consiguiente desde allí tiene que experimentarse una rebaja presupuestal urgente. En esas cámaras la mayoría o la minoría no se corresponden a conceptos políticos, sino a apetencias grupales, económicas, partidistas y empresariales.

Hay aspecto de la democracia dominicana que salen muy costosos en lo que se refiere a estimado presupuestal, pero que son irregulares cuando se trata de sentar normas de institucionalidad y decoro.

Hoy, la Junta Central Electoral no puede estar descuidando sus tareas principales que son ir preparando las próximas elecciones generales. Se está tardando mucho en comenzar con su cronograma, y de seguir así le puede caer el tiempo encima.

Una de las debilidades de la JCE es que en el país no hay un amplio organismo electoral de tiempo completo, sino que la mayor parte del personal es reclutado meses antes de las elecciones. Por eso, con unos empleados nuevos, hay que comenzar desde cero en las tareas de preparación.

La JCE tiene que demostrar más autoridad. Los partidos están inmersos en sus luchas intestinas y quieren arrastrar a esa institución al ruedo de pelea. Esa no es la misión de los jueces electorales. Ellos tienen que garantizar unas elecciones libres y democráticas, y esa es su tarea más perentoria.

Es un camino empedrado, donde nada se regala y todo se consigue con trabajo y rectitud. Los miembros de la JCE tienen que saber que su responsabilidad es con el pueblo y está por encima de los ligeros caprichos de los partidos políticos. Hora de trabajar a tiempo completo para ir preparando las venideras elecciones. ¡Ay!, se me acabó la tinta.