EL TIRO RAPIDO

Hoy en Diario Libre aparece la información de que en las últimas semanas han muerto once personas en distintos lugares del país, como consecuencia del enfrentamiento entre bandas barriales, dedicadas al micro-tráfico que se disputan el control de los puntos de ventas de drogas.

En distintas ocasiones, autoridades que se han sucedido al frente de la Dirección Nacional de Control de Drogas, han coincidido en dar como 20 mil la cantidad estimada de los centros de distribución al detalle existentes en el país. No sabemos de donde surge la cifra, si es que el organismo dispone de estadísticas confiables que la avalen, se trata de un simple cálculo al ojo por ciento, o de un número tomado al azar para dramatizar la gravedad y complejidad del problema.

Pero cual sea la respuesta, es innegable que la distribución al detalle y el consumo de drogas prohibidas en el país se ha extendido por todo el territorio nacional, pese a que para los carteles del narcotráfico un mercado tan limitado como el nuestro nunca representó una opción atractiva.

Lamentablemente nos traicionó la geografía. El cambio de panorama se atribuye a las facilidades ofrecidas por nuestro territorio para establecer una vía de paso de grandes cargamentos destinados a satisfacer los insaciables y populosos mercados de consumo de los Estados Unidos y Europea. Pronto encontraron en la alta tasa de desempleo, sobre todo en la juventud, el camino allanado para pagar la complicidad local con parte de la droga trasegada, la que luego fluye a los barrios y las comunidades a través de las bandas barriales y los puntos de venta.

Es obvio que de no disponer de la posición estratégica que ocupamos en el Caribe con nuestra proximidad a los Estados Unidos, donde se estima que hay entre veinticinco y treinta millones de adictos y consumidores habituales, sobre todo de la cocaína que elaborada en Colombia, parte de la cual nos llega vía Venezuela, nuestro país jamás hubiera llamado la atención de los carteles del narcotráfico para usarla como puente, menos aún como mercado de uso extendido.

Este es un aspecto que no se toma en cuenta y sobre el que hemos llamado la atención en varias ocasiones, cada vez que las autoridades estadounidenses divulgan su informe anual, donde el nombre de nuestro país figura entre los que cargan el estigma de ser puente o vía de paso para el trasiego de grandes cantidades de drogas, en tanto evaden toda referencia a las elevadas tasas de consumo de su país.

El hecho cierto es que los Estados Unidos al ser un mercado de consumo tan atractivo y voluminoso para el narcotráfico, representa para nosotros el mal de origen del grave problema que confrontamos con la penetración de la droga y la extensión de sus venenosos tentáculos: las disputas entre las bandas, los secuestros y crímenes cometidos por experimentados sicarios, muchas veces traídos de fuera y retornados a su origen una vez confirmado el trabajo contratado; el aumento del consumo; el lavado de activos; el incremento del crimen asociado y de las actividades delictivas en general, fenómeno que se repite en todos los países bajo las mismas o parecidas circunstancias y que alcanza hasta un setenta y cinco y ochenta por ciento de aumento.

Males que han aparejado la complicidad en sus actividades por vía del soborno en la mayoría de los casos y de amenazas en otros, de funcionarios públicos y elementos civiles, militares y policías, fiscales y jueces, periodistas y profesionales, empresarios y políticos. Y el temor permanente de que podamos derivar hacia un narco-estado, o al menos de convertirnos un país donde los niveles de poder y de influencia asociados al narcotráfico pudieran resultar altamente determinantes y mantener a la sociedad en permanente estado de zozobra.

Aquí vale repetir la vieja frase de que "esos polvos, trajeron estos lodos".

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