Por Manuel Hernández Villeta

La República Dominicana es libre e independiente. Con luchas contra los grandes imperios, hemos mantenido nuestra soberanía. En varias ocasiones los gobiernos norteamericanos han tratado de humillarnos, pero no lo hemos tolerado. En dos ocasiones la soberbia de turno en norteamericana dispuso dos férreas intervenciones militares.

Nunca los dominicanos han tomado participación en los temas internos de los Estados Unidos. Las botas del Tío Sam siempre han querido tener nuestro pescuezo sobre el pavimento. Nos hemos ganado a fuerza de pulso el derecho de ser libres, de tener independencia de criterios, y sobre todo, establecer relaciones con quien nos venga en gana.

Los norteamericanos parece que se dejan seducir por volver a la etapa del Gran Garrote, a Dios rogando y con el mazo dando. No puede ser así, aunque las grandes potencias quieren dictar el camino a seguir en su zona de influencia. Los dominicanos tenemos que rechazar la injerencia de los Estados Unidos en nuestros asuntos internos.

Una de las medidas más progresistas del Presidente Danilo Medina, y de claro corte desarrollista a futuro, fue la de establecer relaciones diplomáticas con China Continental. Taiwán, como república política, no representa los intereses del pueblo Chino y por el contrario, es un remanente de la guerra fría.

Pero los chinos tienen todo el derecho del mundo a buscar soluciones internas a sus problemas de nacionalidades. Lo que sí es competencia de los dominicanos es el derecho de establecer relaciones diplomáticas con quien nos venga en gana, sin tener que ir a pedir permiso al presidente de los Estados Unidos.

Tenemos que ser justos. El gobierno estableció relaciones diplomáticas con China continental, y ahora debe tratar de llegar a acuerdos comerciales y de buen entendimiento con Taiwán. Por muchos años la llamada china nacionalista tendió sus manos a los dominicanos y, respetando las decisiones diplomáticas, tienen que restaurarse los vínculos humanos, comerciales y de lazos históricas.

El desarrollo agropecuario en gran parte de la República Dominicana, sobre todo con el arroz, y otros granos, se debe a los expertos de Taiwán que vinieron a trabajar y convivir con los dominicanos. También la colonia China es una de las más pujantes del país, dedicada a los negocios relaciones con la preparación de alimentos, y los supermercados populares.

Pero es intolerable, y debe ser rechazado, que el agregado comercial de la embajada de los Estados Unidos, que es el embajador en funciones, se quite la correa y quiera dar una pela a los dominicanos por el establecimiento de relaciones diplomáticas con la China roja. Esa tipo de injerencia no se puede permitir.

Una lástima que desde el litoral del gobierno se tenga una postura tímida para analizar las declaraciones y la prepotencia de este virtual embajador, en el mismo Palacio Nacional. Los dominicanos somos amigos de los norteamericanos. Respetamos su forma de vida y sus decisiones internas, pero al mismo tiempo que no nos quieran colocar grillete y bozal sobre nuestras actuaciones.

Por desgracia, las grandes potencias no abandonan la petulancia, la altanería, la injerencia, los abusos y los atropellos. Los dominicanos hemos luchado desde nuestra fundación con poderosos extranjeros que nos quisieron doblegar de rodillas y no lo lograron. Amigos de los norteamericanos, pero sin ponernos de hinojos ni lamerles las botas. ¡Ay!, se me acabó la tinta.