Por Manuel Hernández Villeta

Loa economía nacional está movida por el dólar. El peso ha perdido gran parte de su poder adquisitivo. Ya frisa a poco más del 49 por uno. Podría ser salvador para los turistas que con mil dólares pasan un par de semanas en un hotel tres estrellas, pero asfixia a la mayoría de los dominicanos.

Los servicios y los productos tienen un valor en dólares, traducidos al peso dominicano. Pero los salarios se pagan con el peso menguado. Un salario mínimo de doce mil pesos, para los establecimientos millonarios, y de seis mil pesos para los más pobres, equivale al pago de la entrada a clase económica de un juego de baloncesto de la NBA.

Los precios de los productos de primera necesidad aumentan cada día. Con la prima del dólar tan alta, se aduce que todo lo que se necesita para el desarrollo agropecuario, tiene que ser adquirido con la moneda norteamericana. Cierto, pero se deja de lado la especulación y el agiotismo.

Hay que controlar la prima del dólar. La industria del turismo es la única que se beneficia con este desbalance comercial. Si la mayor parte de las medicinas tienen que ser adquiridas con dólares, ya usted se puede imaginar sus elevados precios. La económica sigue en pañales, como le corresponde casi a todos los países sub-desarrollados.

Además, hay déficit en el intercambio comercial. Ya no son renglones de gran venta en el exterior el cacao, el café, el azúcar, las pieles, y todos los rubros agrícolas. Estamos saliendo de ser un país productos de artículos del campo, para entrar de lleno a la industria de los servicios y del turismo. Bien, pero es necesario que se de protección al dominicano de a pie, que ya no soporta el alto costo de la vida.

Siempre habrá una injusta y cruel distribución de las riquezas, pero toca a las autoridades aplicar medidas para darle a esa muestra de capitalismo cimarrón un rostro humano. No siempre se debe pensar en la macro-economía, sino en las ventas del pulpero.

Es en el colmado de la esquina que mejor se puede palpar la bonanza o la miseria. Una economía que puede ser de sustentación, de chiripeo, pero es donde se encuentra la mayor parte de la población, que hoy no es objeto de la oferta y la demanda del moderno comercio.

Por lo pronto, hay que comenzar a regularizar el intercambio comercial con Haití. Son millones de pesos a diario que se venden a Haití en comestibles y manufacturas. Por desgracia, el no control de ese mercado hace que ni siquiera haya una fiscalización fiscal aceptable.

Mientras los inmigrantes ilegales nos invaden en forma pacífica, los comerciantes dominicanos penetran en Haití con negocios múltiples sin tomar en cuenta las necesidades nacionales. Es una de las caras del problema de la migración que casi nunca se ve. Estamos en una situación de inquietud económica, evitemos que se llegue a una crisis. ¡Ay!, se me acabó la tinta.