Por Narciso Isa Conde

Urge superar el conservadurismo imprimiéndoles a las luchas actuales una alta dosis de radicalidad política. Lo radical no como estridencia, sino en tanto ir a la raíz del mal y asumir los métodos que posibiliten superarlo.

Hay que pasar de la radicalidad de la crítica del poder constituido, a la radicalidad de la propuesta política destinada reemplazarlo para emprender las transformaciones necesarias.

Aterrizo el tema:

Si es verdad ?y lo es- que estas instituciones, con el Poder Ejecutivo a la cabeza, han sido articuladas como una dictadura constitucional corrupta y corruptora, blindada por un régimen de impunidad sobre la base de la Constitución del 2010...

Si lo es también que la corrupción ha conformado un conjunto de mafias enquistadas en esas instituciones...

Si las grandes movilizaciones verdes y todas las iniciativas desplegadas han evidenciado que el fin de la corrupción y la impunidad es imposible de alcanzar si no se le pone fin a estas instituciones y a sus mecanismos de reciclaje...

Si es verdad ?y lo es- que la JCE, TSE y TC- responden a los designios de continuidad de esta dictadura constitucional comandada por el Gobierno y el Comité Político del PLD...

Si es evidente que este régimen ni siquiera admite una ley de partidos que limite mínimamente el poder de las mafias políticas y empresariales sobre los comicios, ni tampoco un arbitraje electoral independiente y regulador...

Si está clarita la determinación del poder constituido en su continuidad forzada, corrupta y hasta violenta... si está expresándose el empecinamiento reeleccionista del partido gobernante y del presidente de turno, y es palpable su capacidad para seguir comprando, sobornando y dividiendo una oposición electoralista sumamente vulnerable...

Si esta probado que no hay democracia electoral ni vía institucional para cambiar este poder putrefacto, ilegitimo y desgastado...

¿Qué impide que las fuerzas y sectores que así piensan hagan una propuesta en la que se demande anular ese poder constituido, construyendo un poder constituyente paralelo, y se comprometan a obligar a dimitir al gobierno que tutela las instituciones en descomposición, para transitar hacia una Asamblea Constituyente Popular y Soberana?

¿Qué impide retomar y desplegar la democracia de calle, las movilizaciones multitudinarias con esa direccionalidad política?

Pienso que el principal obstáculo es un conservadurismo político que no se corresponde con la radicalidad de las críticas y denuncias hechas desde el propio movimiento verde y más allá.

Ese es el freno y hay que atreverse a quitarle el pie de encima y desatar las energías transformadoras contenidas. (EL Nacional, domingo 6-05-2018)