Por Manuel Hernández Villeta

El protocolo de trabajo en los hospitales públicos debe ser actualizado. El paciente recibe mal trato de los médicos, se carece de medicinas, los equipos no están al día, en fin, es un sistema obsoleto. No se gana nada con remodelación de hospitales, o inauguraciones de plantas, si no se fomenta mayor sacrificio de los médicos y atención a los pacientes.

No es posible que en el siglo 21 los hospitales estén funcionando con métodos del pasado. El paciente en ocasiones es visto como una carga, más trabajo para médicos y enfermeras, y falta lo principal para tratar a un enfermo, el calor humano, la mano solidaria.

El Colegio Médico Dominicano siempre ha estado muy preocupado por los reajustes de salarios, y lleva la huelga a los hospitales donde se atiende a los más pobres. No he visto a ese colegio tomar parte en insuflar a los médicos que tengan mayor don humano al tratar a los pacientes.

Si llama la atención que muchos de estos médicos en sus consultorios privados tienen otro trato. No se trata de hablar duro, ni tener o poner la cara fea, es que el que se encuentra tirado en la camilla necesita una sonrisa, una atención, una esperanza.

Las plantas físicas de muchos hospitales siguen abandonadas. Hay centros de salud que ya no soportan más remiendos, lo único posible es destruirlos y construir otro nuevo. Ahora, hay que evitar la privatización de los nuevos hospitales.

Los pobres carecen de todo, ni siquiera tienen para comprar la salud. Hay hospitales que hasta el yeso de los politraumatizados tiene que ser comprado en una farmacia. Un sistema de seguridad social no es para aparecer en los periódicos, sino modernizar el sistema hospitalario.

Las declaraciones del ministerio de Salud Pública en torno a la muerte de una gran cantidad de niños en los primeros tres meses de este año, es una alerta de que algo no funciona bien. No hay médicos disponibles para todos los turnos. En un hospital tiene igual calidad e importancia las diez de la mañana o las cuatro de la madrugada.

El nacimiento y la muerte no tienen fecha ni hora para llegar. Se puede rescatar el sistema hospitalaria, pero da la impresión de que colapsó, de que ya no puede más, de que el pobre no tiene quien lo cure. Ahí llega otra noticia espeluznante, sobre la gran cantidad de amputaciones que se hacen en hospitales y clínicas.

Deben ser investigadas a fondo. Si hay culpables, aplicar las sanciones. Pero lo más trascendental es que pueda haber correctivos de una situación irregular. Todos seremos víctimas de las enfermedades, pero tenemos la esperanza de caer en manos de un médico que trate de curarnos y salvarnos. Las autoridades deben mejorar la situación de los hospitales públicos, y adecuar su metodología de trabajo al siglo 21. ¡Ay!, se me acabó la tinta.