Por Manuel Hernández Villeta

La clase obrera dominicana necesita consolidarse, y comenzar a trillar el camino del siglo 21. Ya no está de por medio la línea ideológico de que los proletarios del mundo se unan. Muchas de las luchas serán locales y económicas. Quedan en el recuerdo, las grandes jornadas políticas que tenían a los obreros de ariete.

El movimiento obrero necesita sacudirse, dar un golpe sobre la mesa. Vivir de nuevo. Reconocemos los esfuerzos que en la lucha sindical realizan los líderes del área y las centrales sindicales, pero se han quedado sin aire, sin fuerzas, sin representatividad.

Hay un reflujo en el sector obrero. No hay metas de lucha. Las garras están limadas. Ni siquiera hubo fuerzas suficientes para conseguir un salario mínimo decente. Si se han logrado pasos de avance en lo que se refiere a pactos colectivos de condiciones de trabajo, en importantes empresas dominicanas, y extranjeras radicadas aquí.

El movimiento obrero y sindical dominicano se consolidó a sangre y fuego. Fue en lucha por reivindicaciones en plena tiranía de Trujillo y luego en los años que siguieron al ajusticiamiento del sátrapa. Los obreros organizados fueron valientes luchadores por la democracia y la libertad en la revolución del 24 de abril del 1965, y enfrentando al interventor militar norteamericano.

Si en el mundo el Primero de Mayo fue escrito con sangre, en la lucha por la jornada de ocho horas de trabajo, en la República Dominicana la lucha por jornales dignos, seguro social y libertades, dejó decenas de muertos, heridos, desaparecidos, despedidos y maltratados.

La fortaleza del movimiento obrero en su etapa de oro, de los años 60.70 y 80 tuvo como pilares fundamentales a dos poderosos sectores que ya no existen: la industria azucarera y los muelles.

Mauricio Báez nació y se forjó en las luchas sindicales de los ingenios azucareros. Sentó las bases de sustentación del sindicalismo dominicano. Le insufló su espíritu de lucha, que luego continuarían otros líderes que unían su trabajo en los gremios a ser militares de grupos izquierdistas.

En los muelles también se fortaleció el movimiento sindical. Fueron poderosos los gremios de mueleros, pero al desmantelarse los muelles de Santo Domingo, Haina y Boca Chica, para dar paso a la nueva etapa de los buques furgones, se ahogaron esas organizaciones. Hoy del combativo POASI solo queda un local abandonado y un grupo de viejos muelleros esperando una mísera pensión.

El sindicalismo también se fortaleció con la creación de los primeros sindicatos de choferes, que no eran de propietarios y empresarios de vehículos como ahora, sino de verdaderos luchadores sociales. Recuerdo sindicatos poderosos como el de la Compañía Dominicana de Teléfonos, el de Tenerías Bermúdez, la Coca Cola y el de la Corporación Dominicana de Electricidad.

No hubo valoración exacta de los pasos que se daban, los sindicatos se convirtieron en partidos políticos de izquierda, no exhibían claros propósitos de lucha, y por cualquier cosa se llamaba a huelgas. Perdieron la batalla con el sector patronal y gubernamental. Hoy hay que estudiar esas experiencias y poner al movimiento obrero en luchas reales, para mejorar las condiciones de vida de la población. Reconocimiento y solidaridad con todos los obreros dominicanos y del mundo. ¡AY!, se me acabó la tinta.