Fue el propio Ministro de Medio Ambiente y Recursos Naturales, Francisco Domínguez Brito, quien ya desde el pasado año advirtió de manera categórica y utilizando el más gráfico lenguaje que los habitantes del Gran Santo Domingo nos estábamos bañando con agua de inodoro. Una situación que afecta a los tres millones y medio que en números redondos constituye su población, una tercera parte del total que puebla el territorio nacional.

No obstante la gravedad del hecho y las implicaciones negativas que envuelve para la salud, sus palabras cayeron en el vacío sin deja huella en una sociedad cada vez más absorbida por la chismografía política y los temas banales, mientras permanecemos indiferentes a los que revisten real trascendencia.

Son esas mismas palabras las que hace apenas unos días, desempolvó y trajo de nuevo al plano de actualidad, el director general de la Corporación del Acueducto y Alcantarillado de Santo Domingo, (CAASD), arquitecto Alejandro Montás. Al parecer, también esta ocasión, su eco cayó en el vacío y no encontró suficiente réplica, pese a la gran cantidad de bocinas y cajas de resonancia que existen en el país.

Ya, sin embargo, desde antes de una y otra voces de advertencia de ambos funcionarios, el geólogo y ambientalista Osiris de León, había estado señalando de manera reiterada la creciente amenaza que se cierne para la salud pública la descarga directa de los inodoros , que a través del subsuelo se filtran y contaminan las aguas subterráneas que llegan a los hogares. Es esta agua mezclada con detritus, precisamente, la que se emplea para labores de limpieza de las viviendas y la que usamos para higiene y aseo personal.

Como los números, con su fría contundencia, siempre dicen más que las palabras, para que se tenga una idea más precisa de la magnitud del problema, se estima que las aguas superficiales y del subsuelo del Gran Santo Domingo reciben el impacto del vertido de unas siete mil toneladas métricas de heces fecales debido a la carencia de un adecuado sistema de alcantarillado sanitario para la ciudad de Santo Domingo. Un problema que venimos arrastrando de mucho antes, y que se ha ido agravando en la misma medida que se han ido agrandándose el territorio que ocupa, su población y la cantidad de viviendas y negocios.

De León, apela a un lenguaje gráfico, para advertir sobre las implicaciones de esta situación al calificarla de "bomba de tiempo", advirtiendo sobre el peligro potencial que constituye el muy probable colapso que crece en la medida en que transcurre el tiempo. De ocurrir, desataría una epidemia general de incalculables proporciones en costo de vida, recursos y esfuerzos para llegar a controlarla.

Fue por esta razón que en previsión de tal riesgo, de León, con quien hemos abordado y debatido el tema en TELEDEBATE en más de una ocasión, presentó al Congreso en el 2014, un proyecto de ley planteando la necesidad de construir sistemas sectoriales de recolección y tratamiento de aguas cloacales para el Gran Santo Domingo, a través de una alianza del Estado con empresas privadas.

Lamentablemente el proyecto no ha recibido, al menos aún, la atención urgente que amerita en el ámbito congresual. Embargados los honorables legisladores por la interminables discusiones sobre las Primarias, no parece, al menos por ahora, que reserven espacio y pongan un mínimo de interés para debatir un tema que, por su importancia y posibles efectos letales, debiera ser colocado en la agenda de sesiones entre los de máxima prioridad y urgencia.

Mientras tanto, todo parece indicar que tendremos que resignarnos a seguir bañándonos y cepillándonos los dientes con agua de inodoro. No en balde aquel gran maestro del periodismo dominicano que fue Rafael Herrera, escribió en uno de sus memorables editoriales en el Listín Diario, que "los dominicanos éramos un pueblo de sobrevivientes".

No creemos que haya quien dude de que tenía sobrada razón.

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