Por Manuel Hernández Villeta

La lucha por la vuelta a la constitucionalidad sin elecciones, fraccionó al ejército. Unas fuerzas armadas divididas significan confrontación. La preparación de un golpe de Estado para reponer al profesor Juan Bosch, termina en una revolución popular. Comenzó un 24 de abril de 1965, y días después se convirtió en Guerra Patria, con el enfrentamiento al interventor norteamericano.

El cercenamiento del orden institucional y constitucional con un golpe de Estado en el 1963, terminó con un baño de sangre del pueblo en armas, pidiendo fin al despótico gobierno del triunvirato de dos. El país vivió instantes de rompimiento institucional desde la muerte de Trujillo.

El ajusticiamiento del tirano no terminó con las fuerzas políticas y sociales que lo auparon. N o cayó la dictadura bajo el peso de una revuelta popular, sino que el hombre fuerte fue muerto a tiros por un puñado de sus más cercanos colaboradores, cansados del derrotero que tomaba la dictadura.

Toda la estructura trujillista siguió en pie. En lo político, se desmanteló el arquetipo del régimen, pero los métodos y los hombres se enquistaron en la política nacional, beneficiados por el borrón y cuenta nueva. Una mayoría de los trujillistas en el rango político pasaron a formar filas del Partido Revolucionario Dominicano, y allí hicieron carrera.

Las Fuerzas Armadas creadas por Trujillo no fueron depuradas. A ningún militar se le apartó del cuartel porque fuera formado en la escuela trujillista. Segmentos de esas fuerzas armadas fueron las que dieron el golpe al profesor Juan Bosch, y otros estamentos se revelaron y dieron pie a la revolución de abril. De haber sido depuradas las fuerzas armadas trujillista, la revolución no se hubiera iniciado con esas fuerzas élites que lograron sobrevivir al régimen.

El grave problema de las revoluciones es que se endiosan los hechos, y se olvidan las necesarias críticas y autocríticas. Las revoluciones ocurren en un instante determinado, porque así lo permiten las coyunturas sociales. No es producto del deseo de un hombre, ni de muchos hombres, ni de un partido. Si no hay circunstancias específicas, no se inicia un movimiento revolucionario, ni triunfa,

La revolución de abril se debe inscribir dentro de los tres principales hechos ocurridos en la historia dominicana. Primero, la Independencia Nacional; segundo, la guerra de la Restauración y tercero, la revolución de abril. Pero la revolución de abril no triunfó y fracasó en lo político y lo militar.

No se cumplieron los dos postulados básicos que levantó la revolución: reposición del gobierno del profesor Juan Bosch y retorno a la Constitución. Los militares constitucionalistas tuvieron que desalojar a Ciudad Nueva, luego de la firma del Acta Institucional, pero pocos fueron reintegrados a los cuarteles, a la mayoría se le deportó, asesinó, o sencillamente echados a sus casas como civiles.

La intervención militar norteamericana congeló la revolución de abril, y dio paso a uno de los períodos más negros de la historia dominicana: los doce años del gobierno de Joaquín Balaguer. Es cierto el heroísmo de la revolución de abril, pero los que participaron en ella nunca se hicieron la auto-crítica, ni enmendaron los tropezones.

Hoy, la revolución de abril es un tema para la historia. Las heridas de esa epopeya han quedado atrás. Pero es propicio siempre tener presente que el pueblo dominicano es aguerrido y no permite el cercenamiento de la democracia, de la libertad, de la Constitución. Loor a todos los que ofrendaron su sangre en la revolución de abril, y reconocimiento a los que supervivieron a la Guerra Patria. ¡Ay!, se me acabó la tinta.