Por Manuel Hernández Villeta

Los altos índices de mortalidad infantil son preocupantes. Hay fallas de los organismos sanitarios, de la orientación a la familia y de la falta de oportunidades de buena asistencia médica. No se puede pasar por alto que la mayor parte de las víctimas de la alta mortalidad infantil provienen de familias de las áreas marginadas.

Es un verdadero escándalo que en un año aumenten las muertes de recién nacidos en un 31.9 por ciento. Aterroriza que haya 25 defunciones por cada mil nacidos. No hay excusas, es un sistema de protección sanitaria que está fallando.

Permanente se está hablando de programas que van dirigidos a reducir las muertes infantiles, pero no dan resultados. O son anuncios etéreos, o la metodología de prevención es mala. En cualquier circunstancia, debe haber una revisión de métodos.

De acuerdo con técnicos oficiales las causas de esa alta incidencia de muertes infantiles son los embarazos en adolescentes, ausencia de chequeos prenatales, y fallas generales de los procesos educativos sobre protección de la futura madre.

En todo caso, hay una falla del protocolo sanitario que no debe seguir. Estadísticamente los más perjudicados por estas muertes son los niños residentes en comunidades marginadas, donde no hay facilidades sanitarias, se ingiere agua sin purificar, no se vacuna a los infantes y hay gran insalubridad.

En otras palabras, la miseria y el abandono social, juegan como si fuera una camisa de fuerzas para aprisionar a estas familias, que no tienen derecho a criar a sus hijos. Hay que iniciar un inmediato programa de mejoramiento de las atenciones hospitalarias a parturientas, y dar seguimiento a los niños en sus primeros cinco años.

Pero también hay un problema relacionado con la inmigración ilegal de haitianos, y como las parturientas haitianas llenan las salas de maternidad del país. De acuerdo con las estadísticas muchos recién nacidos haitianos mueren, porque sus madres llegan a las maternidades en labores de parto, o son traídas directamente desde Haití con graves problemas sanitarios.

Si vamos en específico a la maternidad de Los Mina, sus cuadros estadísticos señalan que el 22.8 por ciento de los nacidos son hijos de haitianas, lo cual es una buena señal del gasto económico en su incurre para darles atención, y como podrían estar afectando las atenciones de las dominicanas.

Hay que controlar la política migratoria, porque los hospitales, en este caso, de maternidad, son copados por las haitianas, lo cual también presenta un importante punto geo-político, muchos de esos bebes pueden estar siendo declarados como dominicanos.

Sería bueno que se haga una amplia investigación al particular, debido a que en las maternidades se da el acta de nacimiento a todos los nacidos. Se debe investigar si esas parturientas haitianas se les dan actas de legales de que sus hijos nacieron en esas maternidades, lo cual podría allanar que en el futuro sean declarados como dominicanos. Se pelea con el precepto de que los hijos de ilegales son extranjeros.

El otro punto de interés en esa alta tasa de muertes infantil, es que se ven involucradas miles de adolescentes embarazadas. Se estiman que el 26.3 por ciento de las embarazadas son adolescentes, lo cual plantea un grave problema social.

Son sumamente insignificantes las medidas que se aplican en el país para prevenir el embarazo de adolescentes. Hoy más que nunca es necesario controlar los masivos embarazos entre adolescentes, y rebajar los altos índices de mortalidad infantil. Para tener un buen futuro, nos tenemos que despojar de esas altas estadísticas macabras. Los niños que no llegaran a adultos, debe ser una afrenta nacional. ¡Ay!, se me acabó la tinta.