Por Manuel Hernández Villeta

El transporte público, el llamado concho, tiene que ser estructurado en beneficio de los pasajeros, pero no para entregar carros y autobuses a los choferes. No se puede buscar una solución a la crisis del transporte con la inmediata sustitución de unidades, sino con el reordenamiento de rutas, control del precio de los pasajes y respeto a las leyes de tránsito.

Si se llega a dar guaguas y carros para sustituir a las chatarras, se le estará dando una cara atroz al problema. No se va a solucionar, seguirán las intrincadas rutas que ahogan a los pasajeros, y los choferes tendrán unidades nuevas, y no le van a quitar las viejas.

La gran capital es un laberinto de rutas. Para usted poder ir de un punto a otro tiene que tomar por lo menos tres carros, al precio que le dé la gana de fijar al chofer. Siempre pongo de ejemplo que para transitar a todo lo largo de la 27 de febrero se deben pagar cuatro pasajes, que en el mejor de los casos llega a un total de cien pesos. Lo mismo pasa por la avenida independencia, desde el 12 al Parque.

Los organismos oficiales y los dueños de sindicatos lo prioritario que tienen es la unificación de rutas, que se fije un precio único para rutas largas y cortas, que no haya tanta bifurcaciones que crean nuevos sindicatos de choferes para operarlas, pero al hombre o la mujer de a pie se le pone la cosa difícil.

Los choferes de carros deben respetar las señales de tránsito, y hay que llegar a un acuerdo con los sindicalistas, para que las rutas se hagan de principio a fin por un precio único. El usuario del transporte merece respeto y consideración y no que se le trate como un perro, uno encima de otro, cuatro en la parte trasera de un vehículo pequeño y tres delante, incluyendo al chofer.

Los choferes de guaguas tienen que comenzar a utilizar las paradas. Los cobradores deben ser respetuosos con las damas y los usuarios en sentido general. No deben violar las luces rojas de los semáforos, ni montar pasajeros en exceso. Hay que impedir la maligna práctica de transitar lentamente, para de esa forma provocar que haya decenas de personas desesperadas esperando vehículos.

El Estado dominicano ha botado millones de pesos regalando unidades a los sindicatos de choferes, desde que comenzó el transporte colectivo. Ese sistema no ha dado resultados, y tratar de ponerle cara bonita con la entrega gratuita de guaguas y carros es un mal negocio.

Para el país hay otras prioridades. Salud, educación, política de pleno empleo, acabar con la indigencia. No se puede estar tirando al zafacón millones de pesos, regalando vehículos a choferes que son desconsiderados con el ciudadano.

Que se pare de inmediato cualquier política gubernamental que contemple regalar guaguas y carros. Ahora hay que trabajar en la planificación de las rutas, el respeto ciudadano y a las ordenanzas de tránsito. Si los dirigentes de los sindicatos de choferes no son capaces de ordenar y regular el servicio, no merecen que se les regale nada, por el contrario, habría que ponerlos en orden. ¡Ay!, se me acabó la tinta.