Por Manuel Hernández Villeta

Lo viejo triunfó en el Partido Revolucionario Moderno. No hay una generación de relevo a la vista. Los viejos fueron el control. Todo se decidió por el pacto entre Hipólito Mejía y Luis Abinader. Fue una división de intereses. Sin pacto, David Collado impuso su candidato.

La presidencia del PRM pasa a manos de Abinader, y la secretaría general, a Hipólito. Son los dos cargos de mayor importancia en cualquier partido, pero son anodinos en el PRM. La fuerza real está en dos tendencias, una dirigida por Hipólito y la otra por Abinader.

La pasada convención fue exitosa porque no corrió la sangre, ni se escenificaron desordenes. En lo organizativo el poeta Tony Rafúl hizo una buena labor, a pesar de contar con pocos recursos, y tener sobre sus hombros las presiones de los líderes principales.

Pero está convención abre sendas espinosas. No se han solucionado los problemas, sino que comienzan. Ahora cada quien tiene la mitad del partido, y habrá de ver cómo va la situación cuando se trate de escoger al próximo candidato presidencial.

Como decía aquí no hay nada nuevo. Los dos cabezas principales escogieron a un hombre y una mujer que va de acuerdo con sus intereses. No hay renovación del liderazgo, ni fuerza de los sectores jóvenes. Los dos representan a lo viejo, a lo atrasado, al mismo camino de la pasada dirección.

De hecho hoy en la vida nacional hace falta la renovación. Que surja un nuevo liderazgo rompiendo esquemas con lo antiguo, dejando atrás un clientelismo que termina con los viejos robles. Pero la juventud carece de fuerzas reales para llevar a cabo ese cometido. Da la impresión de que tiene miedo de emprender vuelo propio.

En lo que se refiere al Distrito Nacional hay un punto de importancia. El surgimiento de Fellito Suberví como una fuerza que se enfrentó a los grandes caudillos y triunfó. Podría ser que los sectores que respaldaran a Fellito estén haciendo pulso, para en el futuro lejano luchar por la presidencial.

De acuerdo con múltiples informes, Fellito no fue un protegido de Abinader ni de Hipólito. Se lanzó a luchar por la presidencia en el Distrito sin estar en la nómina de los cabezas de grupo. Su protector es el síndico del Distrito Nacional, David Collado.

Sin tener una clara participación en esta convención, Collado emerge como una figura de gran peso, al posicionar a su hombre en el Distrito Nacional. Busca medir pulso con Hipólito y Abinader, pero de modo muy discreto, como si supiera que todavía no es su momento.

Por lo pronto, la convención tiene resultados irreversibles. Ya no hay marcha atrás: Paliza será presidente y Carolina secretaria general, y Fellito en la presidencia del Distrito. Hay todavía duras peleas por delante, pero la convención demostró que no hay unidad de acero, sino que sencillamente cada quien trata de posesionar a sus hombres, preparándose para el combate.

Es posible, es más es seguro, que Collado, su dominio del Distrito, y los sectores económicos que lo respaldan, inclinarán la balanza para cualquiera de los caudillos que le parezca agradable. David luce un hombre sin partido, que tan solo espera su turno, y podría plantar bandera con cualquier grupo partidista mayoritario. Con la convención, comienza la guerra. ¡Ay!, se me acabó la tinta.