EL TIRO RAPIDO

Sin dudas a muchos habrá tomado de sorpresa los resultados de la primera entrega de la encuesta Gallup, que periódicamente patrocina y publica el matutino Hoy, en cuanto a las posibles preferencias presidenciales para las elecciones del 2020.

En esta ocasión, por vez primera, Luis Abinader figura de puntero con 18.8 por ciento encabezando las preferencias por sobre Danilo Medina y Leonel Fernández, quienes aparecen empatados en segundo lugar con un 14.8. La doctora Margarita Cedeño con 7.2 y Guillermo Moreno con 6.6 vienen a continuación, en tanto Hipólito Mejía figura con un 6.2.

En cuanto al candidato presidencial del PLD para las elecciones venideras, Danilo Medina aparece con 19.7 aventajando por un punto a Leonel Fernández, que registra un 18.7. Sin embargo, un detalle llamativo: en lista cerrada, donde se excluye al presidente Medina, y en la que figuran siete posible candidatos, las preferencias se inclinan por Margarita Cedeño con un 27 por ciento, superando a Leonel Fernández con un 25.6.

Puntos llamativos: La gran cantidad de votantes que no tienen todavía definidas sus preferencias en el marco de ninguno de los partidos políticos; la gran ventaja en lista cerrada de Abinader sobre Hipólito Mejía, 48.8 contra 17.1 y el elevado porcentaje de David Collado al alcanzar 15.3. Por otro lado, que Ramfis Domínguez, nieto de Trujillo, haya alcanzado un 5.4 por ciento, lo que posiblemente se explica por el hecho de que una porción de la población, si bien todavía pequeña, comparte el deseo de un gobierno de mano dura como remedio para combatir la delincuencia y otros males.

Hay que recordar que las encuestas son un método de investigación que dista de ser cien por ciento exacto (de hecho, la única ciencia exacta que existe corresponde a la Matemática). Sin embargo, en la práctica el método ha evidenciado un muy elevado nivel de certeza para auscultar las preferencias del público a base de una muestra reducida elaborada siguiendo un patrón representativo del universo de la población cuidadosamente seleccionado, motivo por el cual continúa siendo de amplia utilización en todos los campos de actividad no solo en la político. Constituye además el reflejo de una situación dada en un momento determinado, cuyos resultados sobre todo en el campo político son muy susceptibles a ser afectados por acontecimientos inesperados.

En nuestro medio, donde somos tan inclinados a no aceptar resultados que no resulten favorables a nuestras preferencias o militancias partidarias, por lo general su rechazo figura acompañado, como inevitable valor agregado, poniendo en tela de juicio no ya cualquier aspecto técnico, sino honestidad de quienes elaboran el estudio.

La Gallup no es la excepción. Hoy por ejemplo escuchamos al azar la indignada reacción de un comentarista radial, molesto porque en la encuesta no figura un candidato de su simpatía, el cual sin dudas es una figura de relevancia dentro de su partido. Pero en vez de investigar la razón, se decantó por calificar la encuesta de "un traje a la medida". No procede y carece de todo sentido lógico.

En primer lugar, el presidente de la Gallup Dominicana, Rafael Acevedo, es un prestigioso profesional en su campo, de muy reconocida honradez. Y en segundo lugar, si bien empresa nacional, la misma, al igual que en otros países, opera bajo licencia de la Gallup Internacional. Y esta es la más antigua y acreditada firma encuestadora que lleva a cabo su trabajo a nivel mundial prestando servicios a gobiernos, partidos políticos, empresas y entidades de la más diversa naturaleza y facturando miles de millones de dólares cada año. Su principal activo son el justificado prestigio de que goza, el alto nivel de credibilidad con que cuenta y su elevado porcentaje de aciertos. Absurdo que vayan a poner en riesgo su negocio, permitiendo que ninguna de las empresas nacionales que operan bajo su nombre hagan "trajes a la medida". Y menos en un mercado tan limitado como el nuestro, de un monto insignificante en el monto de sus lucrativos negocios.

El ejercicio de la comunicación es muy delicado en cuanto de por medio pueda jugar el buen nombre de una empresa, una entidad o cualquier persona, algo que se olvida con mucha frecuencia cuando sin elementos probatorios empañamos la validez de un argumento o crítica razonada, con opiniones que de manera caprichosa arrojen cieno sobre las mismas.

Cada vez con mayor frecuencia, parecemos olvidar que el ejercicio de la comunicación comporta una gran dosis de responsabilidad y prudencia, al empañar la objetividad de la información, el conveniente debate de las ideas y la sana crítica, cuando con la mayor ligereza y sin el menor elemento probatorio arrojamos fango sobre el buen nombre de empresas, entidades y personas por no pensar igual a nosotros o sus criterios y actuaciones no ajustarse a la medida de nuestros pareceres, preferencias o intereses.

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