Por Manuel Hernández Villeta

El padre Rogelio Cruz llegó al momento donde no hay vuelta atrás. Puede ser expulsado de la iglesia católica. El tema es interesante porque Rogelio ha sido uno de los curas más contestatarios de los últimos años y un gran luchador por los pobres. Creo que su principal problema es que se torna indisciplinado, con un gran ego y ser irrespetuoso con las autoridades y en especial con sus superiores.

Rogelio es la conciencia de los pobres, el abanderado de luchas populares, el hombre desinteresado que todo lo busca para el prójimo sin pensar en él, pero sin visión para comprender que las instituciones tienen sus reglas y órdenes y hay que cumplirlas o abandonarlas.

Rogelio tiene que dar un paso atrás, comprender que está en un momento de reflujo donde no tiene fuerzas para imponerse a sus directores. Dar una batalla total ahora, es irse al despeñadero y salir de la iglesia. Ese sería el principio del fin de su lucha. Fuera de la iglesia Rogelio no pasaría de ser un agitador de barrio, como tantos otros, con una voz que se apagaría lentamente.

Por sus indisciplinas no cabe en un partido político, y para arrancar un proyecto social tendría que comenzar de cero, teniendo al lado a izquierdistas jubilados, vocingleros de barricada sin masas y grupos irredentos que necesitan orientación, educación y prepararlos para mayores luchas, y no ser puntas de lanza de un sacrificio inútil.

El hombre es él y sus circunstancias, y el camino histórico de Rogelio es ser cura; se vislumbran cambios en la iglesia y él allí puede jugar un papel estelar. La prisa y la soberbia es mala consejera. Es el momento de bajar la espada, pero sin envainarla. Si Rogelio se va, se calló el cantor.

El celibato es una decisión de los hombres, de las pasiones y del poder dentro de la iglesia. Cristo no predicó abstenciones ni sus obispos. La biblia no pide celibato., El mensaje cristiano original habla del fortalecimiento de la familia, por lo tanto no hay razón para prohibir que los religiosos tengan familia. Es un absurdo que tiene que ser derogado por la iglesia católica que lo fomenta.

El Concilio de Elvira de los primeros años del siglo IV decretó en su canon 33: "Plugo prohibir totalmente a los obispos, presbíteros y diáconos o a todos los clérigos puestos en ministerio, que se abstengan de sus cónyuges y no engendren hijos y quienquiera lo hiciere, sea apartado del honor de la clerecía".

El concilio de Cartago del 390 dio la misma norma: "Todos los obispos, presbíteros y diáconos, custodios de la pureza, se abstengan de la relación conyugal con sus esposas, de tal forma que los que sirven en el altar puedan guardar una perfecta castidad".

La iglesia católica tiene que reformarse y entrar al siglo 21 dejando atrás el celibato y por consiguiente la prohibición de que los sacerdotes se casen y tengan hijos. Hay que permitir que los curas lleven una vida normal, sin amores en la sombras y sin apañamientos de inconductas. Con Rogelio, su problema no son los alegados hijos naturales que pueda tener, o su relación con alguna mujer, sino su irrespeto a la disciplina, su forma contestaría arrogante desprovista de humildad y la prepotencia del que se cree por encima de las masas, por considerar que ·yo soy el pueblo".

El camino de Rogelio es la Iglesia. Fuera de ella será titular de un par de semanas y luego el olvido. Su pleito tiene que ser dentro, sabiendo que se ganan batallas, se empatan y en otras se tiene que dar un paso atrás. El momento es de reflujo, bajar la guardia, seguir la lucha y prepararse para tiempos mejores. Fuera de la iglesia, Rogelio no pasará de ser un simple agitador de barrio. ¡Ay!, se me acabó la tinta.