EL TIRO RAPIDO

En periodismo se acostumbra a usar la expresión de Crónica Roja para referirse a las informaciones relacionadas con hechos de sangre, ya sea por disputas, feminicidios, pleitos entre bandas, ajustes de cuentas y hechos delictivos de diversa naturaleza.

En el pasado este tipo de noticias figuraban muy espaciadamente en los medios de comunicación. Eran muy notorios y escasos igualmente los hechos de sangre cometidos con saña. Se trataba de una época en que pocos delincuentes se atrevían a enfrentar a la Policía. Antes por el contrario, la evadían y ante su presencia o proximidad optaban por darse a la fuga.

Esa situación comenzó a variar en la medida en que los carteles del narcotráfico internacional decidieron utilizar el territorio dominicano como vía de tránsito al cada vez más atractivo, numeroso y rico mercado de consumo estadounidense. Fue entonces que aparecieron nuevas modalidades del delito, prácticamente ignoradas hasta entonces en nuestro medio, que se fueron multiplicando en la medida en que de corredor de la droga, nos convirtieron en mercado de consumo. Es un probado fenómeno que se produce en todos los países afectados por el flagelo del narcotráfico y consumo de drogas, donde el índice general de delitos se incrementa entre un setenta y un ochenta por ciento.

En pareja medida también fueron las actividades delictivas menores adquiriendo categoría de crímenes de mayor cuantía, con unos niveles de violencia y perversidad cada vez más horrendos y preocupantes.

Hoy ya ladrones y atracadores no se limitan a despojar de sus prendas, carteras y billeteras a sus víctimas, ni tampoco las bandas que asaltan comercios, bancas y otros negocios de las cantidades en efectivo que guardan en sus cajas registradoras o de caudales. Cada vez se ha ido extendiendo más la práctica de quitarles la vida, en ocasiones apelando innecesariamente a los métodos más crueles, casi por el simple y morboso placer de ocasionarles sufrimiento.

De igual modo se han tornado más agresivos y desafiantes al enfrentar a la fuerza pública. El delincuente de hoy no trata de evadirla; en general, le hace frente, en ocasiones con armas más potentes que las que portan los mismos agentes del orden. Y si bien es cierto que en no pocos casos los llamados "intercambios de disparos" son en realidad ejecuciones, no lo es menos que ha aumentado significativamente la cantidad de ocasiones en que los delincuentes han sido abatidos en el curso de enfrentamientos en los que han perdido la vida o sufrido graves heridas los agentes que intervienen en los mismos.

Para los criminales actuales no existen fronteras, límites, ni márgenes de compasión. Lo mismo estrangulan o acuchillan a un par octogenarios por un botín de unos cuantos cientos de pesos, que matan a palos a un infeliz guardián de seguridad de custodia en cualquier negocio. A una mujer embarazada que a un joven por un celular o un par de tennis. O a un miembro del cuerpo policial o de las fuerzas armadas, en activo o retirado, casi siempre con la finalidad de apropiarse de su arma de reglamento.

Este jueves, sin ir más allá, un esforzado estudiante de UNICARIBE fue asesinado para robarle su teléfono móvil, a poco iniciarse al acto de graduación, al cual nunca pudo llegar, en que sería investido de licenciado en Educación con mención en Matemáticas. Casos como este, lamentablemente, están ocurriendo en cualquier sitio, a cualquier hora y en cualquier punto del país, con frecuencia cada vez más preocupante.

¿Qué hacer? ¿Cómo detener esa ola de violencia que mantiene a la ciudadanía en continuo estado de zozobra e inseguridad al punto de que en todas las encuestas el tema figura en puesto de cabecera en el listado de los principales problemas que preocupan a la gente, por encima del costo de la vida, la falta de empleo y la corrupción, entre otros? Si bien es cierto que estamos muy por debajo de los escandalosos índices de criminalidad de países punteros como Venezuela y Honduras por citar dos ejemplos, esa realidad no sirve de paliativo ni contribuye a aliviar nuestra propia inquietud. Aquí aplica el viejo dicho de que "mal de otros no sirve de remedio para el propio".

El tema de la criminalidad y la seguridad sigue siendo, por consiguiente, el reclamo ciudadano de mayor apremio que corresponde enfrentar al gobierno. Y en ello debe poner sus mayores empeños elaborando y ejecutando una bien pensada y efectiva estrategia integral, que incluya la más estrecha colaboración de los distintos sectores sociales, evitando incurrir en los errores de los anteriores fracasados planes y tomando de ejemplo la experiencia de otros países de condiciones parecidas al nuestro, adaptada a las singularidades de nuestro medio.

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