Manuel Díaz Aponte

Hay expectativas pero por igual mucho escepticismo de que se concretice un encuentro entre Donald Trump y Kim Jong-un en los próximos días.

Si ello se logra se convertiría de inmediato en un hecho histórico en este primer trimestre del 2018.

La última vez que un líder latinoamericano puso en serio aprieto a la seguridad de Estados Unidos fue cuando Fidel Castro Ruz en 1960 apoyado por la Unión Soviética tuvo a punto de generar la tercera guerra mundial con la crisis de los misiles. Ahora, es un líder coreano que levanta preocupación en las estructuras de seguridad estadounidense.

La distancia que separa en vuelo aéreo el territorio de Estados Unidos con la República Popular Democrática de Corea del Norte es de diez mil 351 kilómetros.

Sin embargo, ambos países poseen misiles de largo alcance con capacidad de cubrir esa ruta apenas segundos dejando potenciales y secuelas destructivas inimaginables.

¿Qué es lo único que podría evitar una tragedia protagonizada por dos naciones con culturas, idiomas, intereses y costumbres diferentes? Simplemente, el diálogo, ese formidable recurso de la civilidad humana y de la diplomacia universal.

Para mayo está previsto el inicio de las conversaciones directas entre líderes de Washington y Pyongyang las cuales podrían culminar con una reunión entre el presidente Donald Trump y el presidente y líder norcoreano Kim Jong-un.

El anuncio fue formulado por el director de Seguridad Nacional de Corea del Sur, Chung Eui-yong, quien habló en Pyongyang, con Jong-un y posteriormente lo hizo en Washington con Trump. Ambos dirigentes estarían dispuestos a dialogar.

Los surcoreanos lógicamente son los primeros que desean que haya paz duradera en la Península de Corea, lo que comenzó a visualizarse con el intercambio directo de delegaciones de ambos países en febrero último.

De igual modo, la presencia de centenares de atletas y artistas de Corea del Norte en los XXIII Juegos Olímpicos de Invierno en Corea del Sur, donde desfilaron juntos portando una bandera blanca de reunificación.

Las Armas Nucleares

El punto más controversial en la posible reunión de Trump y Jong-un son las armas nucleares esparcidas en territorio norcoreano.

Estados Unidos quiere la inmediata desnuclearización de Norcorea, pero los estrategas de Pyongyang entienden que se debe ampliar esa acción a otros países incluyendo la poderosa estructura de misiles de Washington.

Ya el secretario de Estado norteamericano Rex Tillerson adelantó que el proceso de acercamiento con Corea del Norte será "complejo".

En cambio, el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores, de China, Geng Shuang, estimó positivo la apertura de diálogo entre norteamericana y las autoridades norcoreanas.

Geng dijo que su Gobierno espera que las partes involucradas "demuestren coraje político y tomen una decisión que conlleve de inmediato al compromiso necesario y fructífero, tanto en lo bilateral como multilateral".

En el 2017, EE.UU. y Corea del Norte protagonizaron encendidos debates de amenazas y confrontaciones verbales que tuvieron a punto de desencadenar en una tragedia. Incluso, los mandatarios de ambos países propagaron insultos caricaturizados en medios internacionales.

Pero además, los norcoreanos lanzaron 22 pruebas de misiles de corto y largo alcance generando preocupación entre la comunidad mundial, especialmente en la Organización de Naciones Unidas (ONU).

Algunos de esos artefactos nucleares impactaron en áreas cercanas a los territorios de Corea del Sur y Japón, según atestiguaron expertos en seguridad internacional.

Flexibilización

El éxito de las posibles conversaciones dependerá del nivel de flexibilidad que exhiban los líderes de ambos países, y hay que partir del hecho de que EE.UU. demanda previamente la desnuclearización de los norcoreanos.

Las autoridades estadounidenses llevan más de medio siglo tratando de alcanzar un acercamiento con el régimen de Pyongyang, cuyo perfil de hermetismo lo hace ver impredecible ante la comunidad mundial.

El gobierno del ex presidente Bill Clinton tuvo cerca de formalizar relaciones con Corea del Norte, aunque finalmente los esfuerzos fracasaron.

Clinton (1993-2001), por ejemplo, envió a Pyongyang a su secretaria de Estado, Madeleine Albright, pero nunca pudo suscribir un acuerdo sobre las armas nucleares.

Los propios norcoreanos también tienen sus reservas sobre las intenciones de Washington de buscar el restablecimiento de vínculos con esa nación asiática.

¿Lo podrá lograr el gobierno de Trump?, es la pregunta que muchos se estarán formulando en medio del anuncio de un posible encuentro para poner fin al distanciamiento que ha marcado a la Península de Corea con la potencia occidental.

La Casa Blanca ha recrudecido sus sanciones hacia el régimen de Jong-un y advirtió este viernes que el presidente estadounidense, Donald Trump, no se reunirá con el líder norcoreano, Kim Jong-un, a no ser que vea antes "acciones concretas" de Pyongyang, una condición que reduce las expectativas sobre el posible encuentro histórico entre ambos dirigentes.

La portavoz de Trump, Sarah Huckabee Sanders, dijo textualmente: "No vamos a tener esta reunión hasta que veamos acciones concretas que prueben las palabras y la retórica de Corea del Norte".

Y posteriormente comentó que "hemos aceptado la invitación para hablar, pero basándonos en que ellos hagan acciones concretas para cumplir las promesas que han hecho", añadió.

El vicepresidente estadounidense, Mike Pence, planteó que su Gobierno no ha hecho "ninguna concesión" para lograr que Corea del Norte accediera a negociar, y atribuyó ese avance a la estrategia de Trump para "aislar" al régimen norcoreano.

La prensa norcoreana ha tratado el caso con especial prudencia sin entrar en mayores detalles que puedan ser mal interpretados.

Los venideros días determinarán si finalmente se producirá el esperado encuentro entre Donald Trump y Kim Jong-un o si estamos ante una nueva bola de nieve.

Articulo de Manuel Díaz Aponte

Sábado, 10 de marzo del 2018