EL TIRO RAPIDO

El presidente Danilo Medina en su discurso de rendición de cuentas manifestó que se reforzará la vigilancia en la frontera, incrementado el número de efectivos, utilizando drones y otros mecanismos tecnológicos de control.

La gente de Pelegrín y Vinicito Castillo insisten en la construcción de un muro que lógicamente no sería ni tan extenso ni tan costoso como el que propone Donald Trump a todo lo largo de la frontera con México, pero cuyo costo se ha calculado en principio en unos quince mil millones de pesos, cantidad que pudiera elevarse como ha ocurrido en el caso de las obras realizadas por la Odebrecht donde el costo final excede con mucho al presupuesto original.

De todos modos, aun sin sobrecosto, sería una cantidad importante para nuestro deficitario presupuesto que no pudiéramos cargar al empobrecido vecino, a diferencia de lo que en cambio pretende con su muro el controversial mandatario estadounidense cuyo costo asegura tendrá que sufragar el gobierno mexicano.

Luis Abinader, por su parte, al analizar con ojo crítico el discurso del presidente Medina, está planteando el envío de un contingente de ocho mil efectivos militares a la inexistente línea fronteriza, más teórica que real, por donde a diario entran al país cientos de ilegales y con ellos, seguramente mercaderías de contrabando, armas y drogas en un intercambio ilegal que de aquí para allá, incluye piezas de vehículos robados que son desarmados y luego reconstruidos en el territorio vecino.

En el medio, las consabidas imputaciones, con gran porcentaje de razón, donde se señala la complicidad de autoridades fronterizas y se responsabiliza a empleadores, sobre todo en los sectores agrícola y de la construcción en el trasiego de indocumentados, los primeros cobrando peaje y los segundos, accediendo a mano de obra barata, con salarios por debajo de lo legalmente fijado sin el obligado agregado de la seguridad social. Una práctica que se lleva a cabo con la indiferencia del Estado y la cual se manifiesta también en la realización de gran parte de las obras públicas.

Los sindicatos, por su parte, dejando oir sus quejidos, muy de tarde en tarde, denunciando la permanente violación de la norma que obliga a contratar un 80 por ciento de personal dominicano y un 20 extranjero, cuya aplicación en la práctica se produce a la inversa.

Y para colmo, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos pretendiendo que la República Dominicana acceda a dialogar sobre la política migratoria, un insólito acto de grosera intromisión en un tema de la exclusiva competencia de las autoridades nacionales y que constituye un irrenunciable atributo de soberanía.

Al final de todo este berenjenal, la convicción de que el país requiere de la aplicación, sin abusos ni atropellos, pero firme y enérgica, de una consistente y coherente política migratoria que ponga freno a la masiva ocupación del territorio nacional por parte de ilegales, provocando una situación caótica, cada vez más complicada, difícil de solucionar y de impredecibles pero funestas consecuencias que se agrava de día en día en la medida en que no acabamos de asumir la responsabilidad de enfrentarla.

Más que nunca debemos poner atención en lo que constituye el más permanente y grave problema que confronta el país.

teledebate@hotmail.com