Por Manuel Hernández Villeta

La Independencia del 27 de Febrero de 1844 quedó inconclusa. Las ideas libertarias impregnaron el pensamiento de los integrantes de La Trinitaria, pero otra cosa pensaba el sector más atrasado que participó en la lucha. Para los hateros el único camino a seguir era volver a ser un protectorado español.

Los haitianos tomaron sin mucho esfuerzo a la excolonia española, y se hicieron fuertes por 22 años, hasta que el ideal de crear una república libre e independiente prendió en la juventud, teniendo como estandarte a Juan Pablo Duarte.

Pero antes del año de haberse proclamado la independencia de Haití, Pedro Santana aplastó el movimiento, fusiló y deportó a sus principales líderes, y dio los pasos para anexar la naciente república a España. Por tanto, la liberación de Haití devino en yugo español.

Esa independencia que no concluyó es una lucha que continúan los hombres de la restauración. Se enfrentaron a los españoles para hacer renacer a la república libre, independiente y soberana. Los colaterales de la lucha restauradora produjeron dictaduras y gobiernos de fuerza. Luperón fue un demócrata a carta cabal, pero Lilis, un dictadura sin control, fue su alumnos más aventajado.

Si revisamos la historia, los dominicanos de hoy tienen un compromiso de continuar la lucha por la independencia nacional. No solo es presentar la bandera y gozar de un día de fiesta, sino hacer valer los principios que dieron formación a esta nación. La independencia hoy está inconclusa. Hemos vivido más años en dictadura que en libertad.

Los dominicanos han conocido el látigo sobre sus espaldas, pero siempre en vez de caer de rodillas se han parado para luchar a sangre y muerte por su libertad e independencia. Las pocas conquistas sociales que se han dado en el país, han sido sobre un montón de mártires.

El primer camino para festejar dignamente la Independencia nacional es ejecutar el pensamiento de Juan Pablo Duarte. Él conoció los sacrificios, el exilio, el rechazo, murió en tierras extrañas, pero dejó su legado: ahí está la República Dominicana, en ocasiones de luto y en otras de alegría.

La libertad nunca debe perecer en este país. El don más sagrado del hombre es ser libre, tener derecho a expresarse, a tener sus ideas y sus creencias. Cuando se calla la libre expresión del pensamiento, como dice la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, la violencia es la respuesta contra la tiranía y la opresión.

En el centro de nuestro escudo está la frase inmortal que debe llevar cada dominicano en su pecho: Dios, Patria y Libertad. Aticemos la fragua, que hay nuevas luchas que iniciar, porque mientras haya un dominicano tenemos que tener un país libre e independiente, o como dijo Juan Pablo Duarte, que se hunda la isla. ¡Ay!, se me acabó la tinta.