EL TIRO RAPIDO

En días recientes, Arismendi Díaz Santana, a quien tuvimos de huésped en Teledebate, hizo una serie de importantes señalamientos en torno al sistema de la Seguridad Social, insistiendo en la necesidad de someter la legislación a un exhaustivo análisis y a introducir modificaciones sustanciales en su contenido.

Sus opiniones están avaladas por el hecho de ser uno de los más experimentados y calificados especialistas en el tema, quien encabezó la comisión que estuvo a cargo de redactar su contenido y fue su primer Gerente General. Adicionalmente cuenta el hecho de que a través de organismos internacionales, ha servido como asesor del tema a media docena de países.

Al poner al descubierto las varias fallas en la aplicación de la Ley, en los dieciséis años que tiene de vigencia, llamó la atención sobre un hecho de suma importancia, y es la necesidad de llevar al 12 por ciento el aporte del 10 al régimen de pensiones, a fin de poder incrementar el monto que recibirían los trabajadores al momento de disfrutar de ese derecho. Bajo las condiciones actuales, advierte, apenas les correspondería un escuálido 28 por ciento del salario de sus últimos tres años. Para las empresas representaría un sobrecosto al que sería preciso buscarle por el Estado una medida compensatoria a fin de no reducir aún más sus niveles de competitividad.

Pero, además, tocó un punto en extremo sensible pero inevitable, y es la necesidad imperiosa de extender la edad a que un trabajador pueda acogerse a la pensión, que la ley fija en sesenta años como mínimo.

La razón que lo aconseja es la misma que ha obligado a tomar esa decisión en prácticamente todos los demás países que disponen de un sistema de seguridad social, a fin de poder mantener su sostenibilidad financiera de la cual depende el pago de las pensiones.

Esto así porque al establecer la edad a que el asegurado puede acogerse a la pensión el cálculo tomó como base el promedio de vida de entonces. A la fecha, gracias a los notables avances de la ciencia médica y mejor calidad de vida ese promedio se ha elevado al punto que de mantenerse la norma de los sesenta años, el sistema iría a la quiebra y no dispondría de los recursos suficientes para honrar las pensiones. Un reto a encarar sería hacer entender a los trabajadores que la imperiosa necesidad de extender la edad del retiro se traduciría en su propio beneficio, al permitirles asegurar el pago de sus pensiones

Precisamente sobre el mismo tema llama la atención el economista Luis Vargas advirtiendo que las políticas públicas deben tomar en cuenta el envejecimiento de la población que va en crecimiento, en tanto ha disminuido la tasa de nacimientos.

Desde hace algún tiempo el gobierno ha estado abocado a una revisión de la ley de Seguridad Social con fines de modificar la misma. Y es de esperar que un aspecto de tanta importancia no sea pasado por alto. Porque de ello dependerá que los asegurados puedan cobrar sus pensiones cuando cesen en su actividad productiva y se acojan al retiro.

teledebate@hotmail.com