EL TIRO RAPIDO

Por Mario Rivadulla

No es la primera vez que un funcionario del gobierno estadounidense reconoce públicamente que su país es el mayor mercado de consumo para la droga proveniente de Latinoamérica. Pero que recordemos, en las contadas ocasiones anteriores en que ha ocurrido, ninguno de la importancia jerárquica de Rex Tillerson, Secretario de Estado del gobierno presidido por Donald Trump.

La admisión de este hecho por parte de Tillerson se produjo en el curso de la rueda de prensa que ofreció en Lima, a su llegada a Perú, proveniente de la Argentina, la cual compartió con la canciller del país suramericano, Cayetana Aljovin. Dijo que esa es la razón por la cual su gobierno ha estado brindando apoyo a países de la región, principalmente Colombia, donde precisamente arribó ayer, en la lucha contra las organizaciones delictivas transnacionales.

Tillerson está llevando a cabo un recorrido por varios países integrantes del llamado Grupo de Lima, los cuales han tomado posición contra el gobierno de Nicolás Maduro, reclamando una salida democrática a la profunda crisis política en que se encuentra sumida Venezuela. La misión que lleva en agenda el alto funcionario estadounidense es reclamar de los mismos sumar su apoyo a las medidas de mayor presión que el gobierno de Trump ha estado aplicando contra el régimen de Maduro.

Por décadas, Washington ha estado invirtiendo ingentes cantidades de recursos, así como brindando amplia asistencia técnica y militar a países del Cono Sur, y en años más recientes a México, en la lucha contra los carteles que manejan el tráfico de drogas a nivel internacional, sobre todo con destino al pródigo mercado norteamericano. Se estima que este cuenta entre 25 y 30 millones de adictos y una cantidad posiblemente mayor que, en algún momento de su vida, han consumido drogas ilícitas, incluyendo importantes figuras políticas.

Hasta ahora, lamentablemente, han resultado muy pobres los resultados obtenidos y escasamente alentadoras las esperanzas de poder doblegar a los poderosos carteles. Estos cuentan con enormes recursos, un gran ejército de expertos y agresivos sicarios dotados de potentes armas, una vasta, compleja y sofisticada estructura para la distribución de la droga y el lavado del dinero sucio que recauda. De hecho, la producción, el tráfico y el consumo han ido en aumento en vez de decrecer. Y el negocio de la droga sigue figurando entre las actividades que registra mayores ingresos a nivel mundial.

Cada año, el gobierno estadounidense elabora y dar a conocer una lista de los principales países exportadores de drogas y de aquellos otros, que por una u otra razón, se ven implicados en el trasiego. En ella, figura la República Dominicana como uno de los canales de tránsito más utilizados para introducir la droga en el mercado norteño.

Sin embargo, quienes elaboran esa lista negra, silencian mencionar la estadística de consumo del mercado estadounidense que cada año parece crecer en vez de disminuir, obviando así el hecho más importante de que la producción y el tráfico de droga crece en la medida que encuentra mercado y olvidando que, por el contrario, si ponen más empeño en reducir su consumo también disminuirá el suministro. Una ley de mercado en la que los Estados Unidos dispone de una vasta experiencia.

Quizás es hora de que ensayen a poner en práctica esa misma fórmula aplicada al comercio de las drogas, a través de la cual posiblemente obtendrán mejores resultados a mucho menor costo.

Y con el tiempo dejar de publicar unos informes sesgados, donde reparten culpas a diestra y siniestro entre otros países, silenciando su propia y principal cuota de responsabilidad, que recuerda la famosa sentencia de "ver la paja en ojo ajeno y no la viga en el propio".

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