Por Manuel Hernández Villeta

A los últimos presidentes dominicanos no les gustan los cambios. Mantienen casi eternamente sus métodos y los funcionarios. Los principales, y los de quinta categoría. Es potestad del presidente nombrar, cancelar o trasladar a quien considere necesario. Nadie le puede imponer ni ordenar.

Pero no hay dudas de que hay muchos funcionarios que lucen cansados, que no sintonizan con la política que quiere ejecutar Danilo Medina. Se apartan del pueblo, y le dan demasiado calor a sus despechos refrigerados.

Con motivo de este 27 de Febrero, fecha de la Independencia Nacional, es necesario que se reemplacen funcionarios. Es una forma de remozar el gobierno, de presentar caras nuevas, de que una mayoría piense que esos eran los culpables de algunas torpezas.

Ahora, no se debe cancelar a nadie para dar satisfacciones a la plebe iracunda. Cualquier cambio debe ser de acuerdo con necesidades de la administración pública. Una revisión de conducta, y el que no esté trabajando, darle un descanso.

Pero en la dura práctica, los funcionarios desarrollan el libreto que le disponen. Muchos no tienen camino propio, y su misión es desarrollar la política que se le traza. Además, se encuentran atados por los compromisos partidistas.

Este 27, día de Independencia, es vital dar continuidad a las palabras del presidente Medina. Es la fecha del mensaje anual a la nación. Los presidentes dominicanos ofrecen pocas ruedas de prensa, y su mayor contacto con el pueblo es en el discurso del 27. Está sobre el tapete el tema de la reelección. Ya se va entrando a la recta final de la preparación de las elecciones, por lo que en ese mensaje se tendría que ir desbrozando si habrá intento de continuismo, o se colocará un relevo.

No hay mejor tribuna para presentar logros y metas. Desde el doctor Balaguer, siempre el mensaje a la nación ha servido para impulsar proyectos políticos. No debe ser así, pero se vive en un país donde la institucionalidad es un espejismo, y en ocasiones una pesadilla.

Hay cambios que son vitales. Hay que seguir impulsando la educación, libre del clientelismo y de los choques entre profesores y funcionarios por aumento de salarios. El área de la salud esta empantanada, con paros de médicos, y prepotencia de funcionarios. El alto costo de la vida sigue subiendo, y nadie tiene la autoridad para poner control.

Una lección para los gobernantes dice que tienen que hacer cambios para que todo siga como está. La indignación popular por los aumentos de los comestibles y la comida pueda provocar paros y estallidos. Hay que corregir a tiempo esas distorsiones, sin que se le eche gasolina a la tea de las disconformidades.

Febrero es un mes de activismo político, social, de encuestas, de los que se podrían ir, de los que quieren llegar. El pueblo sólo reclama mejoría de los niveles de vida, mayor seguridad pública, comida barata, asistencia médica gratuita, orden en el caos del transporte público, garantizar la educación básica, más que el desayuno escolar. Cambios son necesarios, de algunos funcionarios y de algunos procedimientos. ¡Ay!, se me acabó la tinta.