EL TIRO RAPIDO

Al pronunciar la homilía durante la misa celebrada con motivo del sexto aniversario de la creación del Tribunal Constitucional, el padre oficiante, monseñor Jesús Castro Marte, arzobispo auxiliar de la Arquidiócesis de Santo Domingo, dirigió una cálida exhortación a favor de la Constitución y un llamado a defender la integridad de la misma.

De señalar que sobre los hombros de Castro Marte, a más de su misión pastoral, descansa la responsabilidad de dirigir los destinos de la Universidad Católica de Santo Domingo. No obstante el peso de sus obligaciones como religioso y docente, compartió las exitosas gestiones de mediación en las prolongadas negociaciones entre las autoridades de Salud Pública y el Colegio Médico Dominicano, que permitieron llegar a acuerdos para poner fin a la paralización de los hospitales públicos.

El prelado proclamó que no hay necesidad ni demanda social de cambiar la Constitución ni por capricho ni por voluntad política, poniendo énfasis en advertir que no se puede jugar con lo más sagrado, con lo más sublime, lo más puro de un país que es la Constitución.

La Carta Magna es el pilar en que se asienta toda sociedad soberana y organizada. En ella quedan consignados los fundamentos y atributos de la nación y establecidos tanto los derechos y deberes del Estado para con los ciudadanos que lo componen, como en sentido inverso, los de estos para con el mismo.

Desde 1844 en que se firmó en San Cristóbal la primera Constitución Dominicana esta ha sido modificada en 39 ocasiones, y en 15 gobiernos por razones políticas de naturaleza coyuntural, la última vez en el 2015. Sin dudas, esta fragilidad, el generalizado desconocimiento de su texto y, por consiguiente, su reiterado incumplimiento incluyendo las propias autoridades, le ha el restado carácter solemne de que debía estar revestida. Fue seguramente por esa razón que el finado presidente Balaguer llegó a declarar en cierta ocasión que la Constitución era "un pedazo de papel".

Es obvio que la creación del Tribunal Constitución ha contribuido, al menos en el plano jurídico, a devolver su valor a la Carta Magna. Ultimo tramo de la escalera judicial, sus fallos definitivos e inapelables han permitido esclarecer a la luz de sus preceptos, toda una variada gama de controversias e interpretaciones de textos legales.

No obstante la limitación de recursos conque se ha desenvuelto, comenzando por carecer de una sede física apropiada a su importancia, el Tribunal exhibe una meritoria hoja de afanoso servicio. Expresada en cifras por su presidente Milton Ray Guevara durante la actividad religiosa, más de 3 mil fallos, 835 de los cuales fueron emitidos durante el pasado año, dan una idea del dedicado trabajo llevado a cabo por los magistrados que lo integran.

Es preciso devolver la plenitud de su majestad a la Carta Magna, de tal modo que toda enmienda a esta responda a intereses supremos y trascendentes del país. Que los gobiernos sean tanto fieles depositarios y cumplidores estrictos de su contenido. Que su conocimiento público alcance la máxima difusión. Y dentro de este contexto, saludar el común empeño entre el Tribunal y el Ministerio de Educación por convertir las aulas en foro de conocimiento y discusión de la Constitución.

Conocerla, respetarla y cumplirla debe convertirse tanto en sagrado compromiso de las autoridades como de toda la ciudadanía.

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