Por Manuel Hernández Villeta

Hay que salvar al segmento de los excluidos de la sociedad dominicana. Son los que no tienen trascendencia, pero si son decisivos en los torneos electorales. A estos hay que colocarlos en una espiral donde por lo menos se les asegure una vida digna.

Los grupos sociales elitistas son excluyentes. No toman en cuenta al marginal, al que a pesar de sus esfuerzos diarios no motoriza la economía. Es cierta la versión de que no vale nada el que carece del peso en el bolsillo. Transitamos por una sociedad deshumanizada.

Le toca a la clase pensante y mandante buscar soluciones a los males comunitarios. Los pobres no pueden salir solos de su círculo de pestilencias y miseria. Se dan casos individuales de salto a la fortuna, pero son muy pocos. Lo que se necesita hoy es una carga de mayor responsabilidad social.

Nadie está atento a la situación de los más pobres. Se les usa en forma demagógica en los torneos electorales, y de inmediato se les olvida. Cada cuatro años juegan un papel estelar, para beneficio de minorías que nunca le darán la mano.

La mayor parte de la población está en esos grupos sociales marginados. Carecen de orden, de disciplina, de visión de vida y de organización. Dispersos no son nadie, pero unidos, pueden cambiar la marcha del mundo. Hoy la política dominicana es la búsqueda de beneficios personales, dejando en el olvido a la causa colectiva.

Hay que revertir esa situación. Los políticos tienen que comprender que su principal obligación es luchar por el bien general de toda la población. Es una labor gansteril que un asimilado a un partido político busque únicamente su beneficio personal. Le hace un daño terrible a la democracia que dice representar.

En sentido realista, la democracia en la mayor de las veces es una simple palabra. La democracia se cuela entre las manos y cae en terreno infértil donde no hay seguridad económica, se carece de programas de salud, la educación únicamente es una forma de conseguir un buen salario, los hospitales públicos y sus atenciones son pésimas, y no hay garantías ciudadanas al salir a las calles.

Los problemas dominicanos son de fácil solución, si hay concertación. En esta moderna sociedad del silgo 21 no puede haber democracia impuesta por un sector, no, para hablar de libertades y participación, todos tienen que dar un paso al frente. Los que tienen, deben sacrificar de sus riquezas, para que haya menos hambrientos y menos necesitados.

Vamos todos a luchar para que salgamos de ser un país de exclusiones, donde la mayoría es anónima y las riquezas están en pocas manos. La paz social se escribe con sacrificios y acciones heroicas. Donde se le niega el derecho a la subsistencia de la mayoría, se está tapando el escape de la olla de presión social, y de seguir con ese obstáculo puede haber una explosión de impredecibles consecuencias. ¡Ay!, se me acabó la tin