EL TIRO RAPIDO

Según el Cuerpo Especializado de Seguridad Fronteriza y Terrestre (CESFRONT) en operaciones conjuntas con la Dirección General de Migración y efectivos del Ejército, tan solo en lo que va de los días del presente año, hay sido apresados y devueltos a su país más de catorce mil haitianos que intentaron pasar de manera ilegal a territorio dominicano.

Esas mismas autoridades advierten que este ritmo de indocumentados que tratan de cruzar la frontera, burlando los controles establecidos, hace suponer que este año resultará mayor la cantidad de haitianos que serán repatriados a la del pasado año, cuando fueron apresados y devueltos más de 103 mil.

Sin embargo, a este reporte que quiere proyectar la impresión de que disponemos de un buen sellaje fronterizo, le resta veracidad y validez el padre Regino Martínez, profundo conocedor del tema por la experiencia acumulada en todos los muchos años que lleva residiendo precisamente en el límite que separa ambos territorios.

Para el combativo y dedicado sacerdote la frontera es camino de doble vía, por donde repatrian 14 mil y dejan entrar 15 mil, debido a que los controles establecidos resultan prácticamente inexistentes, en tanto son corruptos e individualizados.

¡Que repatrien un millón y un millón volverá otra vez para acá¡, afirma porque ellos mismos los dejan entrar. El padre Regino no se inhibe para afirmar categóricamente que se trata de un negocio para los controles, para los gobiernos y para quienes los usan de mano de obra barata.

Hace ya tres años, bajo la presión de una fuerte campaña de descrédito internacional, promovida de manera deliberada e hipócrita por el entonces presidente de Haití, el farandulero Michel Martelly, el gobierno implementó al costo de posiblemente más de dos mil millones de pesos, el Plan de Regularización y Naturalización para extranjeros, abriendo una vía para que cerca de 300 mil haitianos ilegales pudieran regularizar su residencia en el país.

La falta de cooperación del gobierno haitiano ha impedido que decenas de miles puedan establecer su identidad a fin de dotarlos de la documentación requerida para normalizar su estatus en el país, lo que ha sido un serio obstáculo para la aplicación del Plan.

Pero la dificultad principal ha residido y reside en el intenso tráfico de ilegales que para decirlo en lenguaje popular, entran al país como Pedro por su casa. Lamentablemente al padre Regino le sobra razón: por donde salen, regresan. Y cada vez lo hacen en mayor número. Tratar de negarlo es tanto como pretender tapar el sol con un dedo. Está tan a la vista de todos que no hay manera de disimularlo.

Sin ánimo discriminatorio, mucho menos prejuicio racial, se trata de una avalancha migratoria que por su composición, cultura y costumbres resulta altamente conflictiva, se agrava cada vez más y será del todo insostenible en no mucho más tiempo.

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