Por Manuel Hernández Villeta

Que necesario es un pacto social en el país. Qué difícil es de lograr un acuerdo de consenso nacional. Todos están de acuerdo, y todos están en contra. Se imponen los intereses empresariales, los políticos, los religiosos, las organizaciones populares. Todos desconfían de su vecino.

Este es el momento propicio para la firma de un gran pacto nacional. No hay guerras ideológicas, todos los sectores están aglutinados en el mismo sendero. Solo hay diferencias de forma, todos están acordes con el fondo. Ya desapareció la línea de la izquierda, de la derecha, y del centro. Todos hoy bailan el mismo bolero.

La no firma de un pacto nacional para hacer frente a los problemas del país fracasa por necesidad. Hay ideas de principalía, de que se debe estar a la vanguardia ante cualquier transición social. Enanos quieren ser gigantes, y los gigantes no desean ejercer su poder de fuerzas.

En muchas ocasiones se han firmado pactos de concertación, pero no pasaron de encuentros para la foto. No había real sinceridad y casi todos los asistentes a esos encuentros jugaban a la doble moral y a la cara oculta.

Se presentaban como seguidores de la unidad nacional, pero ni ellos lo creían. Era una forma de estar a la moda, de evitar las contradicciones en lo público, pero atizando la división en las áreas intestinas. Un país donde no hay unidad, se corre el riesgo de llegar a la anarquía.

Es dar el paso hacia la concertación, porque unidad total nunca se va a conseguir. Es un pacto de convivencia, de que todos deben subsistir. No son los mismos intereses los de los patronos y los de sus empleados. Los del intelectual y del campesino. Los de la mujer profesional y de la trabajadora doméstica.

Hay etapas insalvables entre ellos, pero si intereses común de que es necesario la convivencia. Menos pobres y menos ricos. Podría ser la consigna del Menos. La riqueza aunque siga atesorada en unas manos, debe tener un rasgo humano. El capitalismo siempre puede ser salvaje, pero por lo menos le puede pasar la mano por la cabeza de sus obreros.

Fuera de las luchas políticas, que siempre son desgarradoras, la sociedad dominicana puede darse un pacto de convivencia. Es necesario para conservar la paz y la tranquilidad. Sería una válvula de escape del vapor que amenaza con hacer volar esta olla de presión. No es ser maquillista del sistema, sino enfermero preventivo de un cáncer social con metástasis. Se actúa a tiempo, o el paciente se va a la morgue.

En este nuevo año se debe dar ese encuentro por la paz, por la solidaridad, por el bienestar de todos los dominicanos. Y que se dejen las poses, los tremendismos, las dobles caras, y el deseo de ser principales cabezas, cuando no se da ni siquiera para suela de zapatos. ¡Ay!, se me acabó la tinta.