Por Manuel Hernández Villeta

Todos los fines de año, hay un alfa y omega personal. Es el final y el principio. La vida no se detiene, ni los proyectos se paran, pero si es el instante propicio para una reflexión. La caída de un mes del almanaque no es nada en el historial de vida de una persona. Todo sigue caminando, con su carga de alegrías y de dolores.

Pero si es necesario que se ponga una fecha cronológica que sea buena para la reflexión y ver hacia donde nos dirigimos desde el punto personal y colectivo. Si el hombre carece del discernimiento y de pasar revista a sus actos, entonces está entrampado y sufrirá las consecuencias.

A lo bueno que nos pasó en el año hay que darle seguimiento, para superarlo. Los hechos que no se busca superar se estancan, y por consiguiente comienza el retroceso. Lo que no se dio y fue talvez un mal camino, es el instante de pararlo y comenzar de nuevo.

Veo difícil la lucha por un cambio de los niveles mentales de vida del dominicano. Nos encontramos en arena movediza, con la presión a la altura de la cintura. El mundo avanza, y un puñado de dominicanos absorbe esa idea, mientras que la mayoría vegeta en medo de la nada.

Para que se dé un necesario cambio en el dominicano de hoy, hay que mejorar la educación. El sistema de enseñanza es anticuado, no se corresponde con el tiempo presente, y ni siquiera puede garantizar plenamente la alfabetización de millones de iletrados. Sin educación ningún país se desarrolla. Si se da pie a la ley del embudo, donde unos pocos siguen siendo los que mandan y el resto es la multitud anónima, una macha sin rostro que nadie toma en cuenta. Bueno, cuando hay torneo electoral es esa mayoría silente la que se encarga de llevar a hombros a sus candidatos preferidos al Palacio Nacional.

Dejemos el pasado reciente atrás. Vamos ahora a planificar lo que más necesita el país, fundamentalmente mejorar los niveles de la educación nacional, integrando a las aulas a profesores con vocación de servicio, y no a cobradores de un salario los días 25 de cada mes.

Se tiene que establecer un genuino programa de asistencia médica, con el mejoramiento real de los hospitales, y el suministro de medicinas a todos los que la necesiten. Colapsa el sistema de salud entre el tremendismo de los médicos colegiados y la burocracia asfixiante que no echa para adelante, ni impulsa planes a corto o largo plazo.

Principio y Fin, Alfa y Omega. Tenemos que sacar fuerzas para salir del pantano de arenas movedizas en que nos encontramos. Las fuerzas vivas, las grandes mayorías nacionales se tienen que sacudir de la inercia. No buscar promesas de hombres o mujeres en campaña electoral, sino exigir sus reivindicaciones y el derecho a una mejor vida. Si no hay escapes para el vapor de esta caldera social, puede estallar. ¡Ay!, se me acabó la tinta.