Por Manuel Hernández Villeta

La violencia es una realidad en la sociedad dominicana. Gustaría decir que es una simple proyección, pero no es así. Hace tiempo que la sangre y la muerte dejaron de ser una percepción, para convertirse en realidad. Hoy cada dominicana siente que le pasan cerca los atracos, las violaciones, los enfrentamientos de pandillas, y eso es preocupante.

Hay una violencia indetenible, la que no hay forma de ponerle un alto. Caen atracadores, vendedores de drogas, violadores de la ley, y al segundo están los que se pelean para ocupar el sillón que busca dueño. Luce prácticamente imposible detener la barbarie.

Se necesitan múltiples mecanismos de protección y prevención, todos aplicados al mismo tiempo. Un solo método es imposible para detener la sangre. Los llamados intercambios de disparos eliminan a un truhan, pero al otro día hay quien se calce los tenis vacíos. La sociedad luce acorralada y los ciudadanos temerosos.

La cárcel no para a los delincuentes curtidos. Desde allí siguen maquinando y dirigiendo sus fechorías. En vez de disciplinar y regenerar, las cárceles lucen universidades para perfeccionar los delitos. La prisión crea monstruos, en vez de permitir que un violador de las leyes retorne para comenzar de nuevo en el mundo fuera de los barrotes.

Hay una verdad absoluta. Los medios informativos hoy juegan con la sangre y la muerte. La primera página está salpicada de cuerpos desmembrados. La crónica roja tiene categoría de ser la más leída o vista. Mete miedo esa línea informativa, pero sus imágenes se basan en la realidad.

Esa reseña roja de primera plana puede sorprender con titulares y fotos, pero la crónica y sus ilustraciones están basadas en los hechos, por lo tanto se catapulta el crimen a gran noticia, pero no se inventa la ola de violencia. La sociedad asimila ese mensaje y se atormenta. Pero la crónica roja no es nueva. Uno de los programas más escuchados en la historia de la radio nacional fue El Informador Policíaco, con el Suceso de Hoy. Era la glorificación de la violencia.

No ha bajado el crimen, ni la violencia. Poco importa que algunas estadísticas lo señalen así. El temor que tiene cada dominicana al salir a las calles, o en su hogar, es el más fiel testimonio de que se tiene miedo a la violencia, y que nos está acorralando. Las acciones de salvación tienen que llegar ahora mismo, porque ya la sociedad está poniendo casi las rodillas en tierra.

No puede haber ocultamiento de los rasgos de la violencia, ni tratar de manipular realidades. Enfrentar las estadísticas sin miedo y sin complacencia. Maquillar datos no es bueno y mucho menos tratar de suavizar el impacto de la verdad. Todos tenemos que trabajar para mantener la posición vertical, evitar que caigamos de rodilla ante el crimen organizado o desorganizado. Solo dejar de tener miedo al miedo nos puede salvar. ¡Ay!, se me acabó la tinta.